MANERAS
DE VIVIR (1 de 8) Juan Carlos Pérez Flores
Si
tuviéramos el don de poder reunir en una sola personalidad las características
morales e intelectuales de varios personajes históricos, reales o imaginarios,
¿a quién escogerían? Yo, centrados en esta columna, me quedaría con E. A.
Poe, H. P. Lovecraft y A. Lupin. El experimento podría resultarnos muy caro, algo así
como aquel de la oveja Dolly, que envejecía mucho
más rápida que su clónica dadora de vida.
Sin duda alguna el engendro
resultante rayaría la más completa esquizofrenia; de la atormentada y sufrida
existencia de un Poe incomprendido (dicen que aún hoy lo está por sus compatriotas,
los paladines de la justicia y la verdad en el mundo), unida a la pasajera
(¿o tal vez permanente?) locura del genial y creativo Lovecraft, no sería de esperar menos. Si a eso le añadimos
la enorme capacidad y destreza para la adquisición de los bienes ajenos de
un Lupin en su apogeo, además de esquizofrénico también sería
al menos, cleptómano. Un panorama desolador.
Pero ¿y si de la mezcla
resultante obtuviéramos un ser con unas cualidades totalmente diferentes?
Un ser imaginativo con enorme capacidad de síntesis, como corresponde al genio
creador responsable de esas historias fantásticas que impactaron a muchos
de los grandes escritores europeos de la época y marcan a los grandes escritores
hispanoamericanos actuales; algo así como Poe. Una
mente prodigiosa, audaz y visionaria, responsable de todo un conjunto de sagas
y universos paralelos, de mitos y leyendas, germen inicial de toda una generación
de escritores de literatura fantástica; algo así como Lovecraft.
Y finalmente, un ser aventurero, cautivador, de un raciocinio excepcional,
tramposo amante de la justicia, el exponente más claro de una vida plena de
retos; algo así como Lupin.
¿A quién no le gustaría
conocer más cosas acerca de este imaginario personaje?
Esta columna será un poco
todo eso y otro poco más cosas, y algunas otras que no veremos. Y juegos de
palabras y comentarios que nos gustan y cosas que no nos gustan. De lo que
disfrutamos y de lo que disfrutaremos. Serán historias cotidianas, pero contadas
magistralmente por los que nos consiguen inquietar. Y más.
Y todo ello porque las
cosas más cotidianas son un misterio para nosotros y existen unas pocas privilegiadas
personalidades que nos puedan ayudar en su resolución y más importante aún,
que nos puedan ayudar a encontrar esos misterios cotidianos de los que nos
maravillamos. Paul K. Townsend,
profesor de la Universidad de Cambridge, viene a decir esto mismo cuando afirma que todavía
hoy en día los físicos no saben por qué el cielo aparece sin luz por las noches,
oscuro. Afirma que la resolución a este problema pasa por las teorías cosmológicas
más complejas, relacionadas directamente con el “Big Bang”. Es digno de tener en
cuenta las opiniones de este experto en la materia.
¿Y qué tiene que ver la
afirmación de este eminente científico con nuestra ilusión por conocer? La
respuesta nos la da él mismo: fue Edgar Allan Poe
la primera persona que llegó a tal conclusión acerca del color de la noche.
Curioso.
Es ilusión por conocer y agradecimiento por los que nos lo muestran.