TEBEOS BUENOS: EL PITUFÍSIMO
por Sergio Bleda

  

Cubierta original de "El Pitufísimo", de Delporte y Peyo. Es uno de los pocos tebeos, junto con "V for Vendetta", de Moore, que se atreven a analizar el anarquismo. (Sí, "El Pitufísimo" también habla de los sistemas de gobierno, y da a entender que todos son una mierda).EL PITUFÍSIMO

Guión: Delporte Dibujos: Peyo

Publicado originalmente por Dupuis (Francia) en 1979

 

Resulta poco común encontrar mensajes políticos en los tebeos infantiles. Hay, de hecho, quien piensa que los tebeos para niños no deberían llevar ese tipo de mensajes. Hay, incluso, quien va mas lejos y opina que los tebeos, el cine, la literatura etc. Sólo debe ofrecer entretenimiento inocuo sin intentar ir mas allá.

Si los creadores hicieran caso de ese tipo de opiniones nos habríamos quedado sin obras como Maus, V de Vendetta y sin, por supuesto, el tebeo que hoy me trae de nuevo a esta sección: El pitufísimo.

Publicado en España por Bruguera, como el nº 3 de la colección dedicada a Los Pitufos, El pitufísimo es una ácida y hábil reflexión sobre el sistema democrático disfrazada de cuento para niños.

Estamos, de nuevo, ante un tebeo infantil que no trata a los niños como imbéciles, sino que los respeta, los trata como personas y les hace pensar (al menos un poco) sobre cómo funcionan las cosas en la sociedad democrática.

Para ello se sirve, de una forma muy inteligente, de unos personajes que viven mas o menos felices en una pequeña aldea, los Pitufos, liderados, o quizá sería mejor decir orientados, por el Gran Pitufo, a quien parece habérsele aceptado ese rol mas por su avanzada edad, experiencia y sabiduría que por otra cosa.

Los problemas empiezan cuando este venerable anciano decide abandonar la aldea y adentrarse en el bosque para recoger un misterioso ingrediente que necesita para continuar sus experimentos (en vez de delegar esa tarea en otros pitufos mas jóvenes, cosa que ya hizo, con desastrosos resultados en el anterior álbum Los pitufos negros, título que es, a la postre, uno de los mejores tebeos de terror que he leído en mi vida).

De inmediato parece haber surgido un “vacío de poder” que algunos pitufos deciden aprovechar en beneficio propio.

Uno de ellos en concreto, llamado simplemente “pitufo”, llega a la conclusión de que lo ideal será hacer unas elecciones para, mas tarde, descubrir que lo único necesario para ganarlas es hacer promesas electorales aunque no tenga la más mínima intención de cumplirlas.

Así pues, promete al pitufo goloso ordenar al pueblo pitufo hacer bollos todos los días y doblar las raciones de zarzaparrilla, promete al perezoso redactar una ley que no les obligue a trabajar mas que cuando tengan ganas de hacerlo, hace la pelota a mas de uno y llega, incluso, a prometer algún que otro cargo (!).

 

La cosa continúa con una divertida votación, en la que vemos al pitufo con gafas (único adversario de Pitufo, en el sistema bipartidista recién creado) tratando de votar una y otra vez para ganar las elecciones. Cosa que, evidentemente, no le sirve de mucho.

 El Gran Pitufo (que no Papá Pitufo), mentor de los pitufos, y responsable de gran parte de sus desgracias. No obstante, es un gran sabio (y un gran pitufo)

Una vez que Pitufo llega al poder las sonrisas y palmaditas de candidato desaparecen por completo. Cambia su pantalón y birrete blancos por unos dorados e insiste ser tratado de “su pitufísima” y ser obedecido por todos.

Después de esto asistimos atónitos al espectáculo. Cuando el pitufo valiente, el único con agallas suficientes para protestar, así lo hace, es camelado de nuevo por el hábil político. Le nombra “gran capitán (en jefe) de los servicios de protección de la legalidad pitufa” y le insta a conseguir unos cuantos pitufos, armarlos y ponerlos a su servicio.

Se crea, entonces, una sociedad militarizada propiciada por un líder fascista para su provecho propio, en la que llega a obligar a su pueblo a construirle un palacio y, en él, algo que antes jamás habían necesitado: una cárcel.

El pitufo bromista, después de gastarle una de sus explosivas bromas a “su pitufísima” es el primer ocupante de la celda de palacio. Lo que nos muestra, una vez mas de un modo muy inteligente, el poco sentido del humor del que ostenta el poder.

No tardan en surgir pequeños grupos de resistencia, que se reúnen por la noche de forma clandestina y, tomando al pitufo bromista como primer mártir de su causa, comienzan la revolución. Primero, de forma pacífica, llenando la aldea de pintadas y más tarde (cuando otros pitufos son convencidos, a base de medallas, de formar un ejercito y reprimir a los rebeldes) huyendo del pueblo y formando su propia guerrilla.

La cosa acaba solucionándose, como era de esperar, cuando vuelve el Gran Pitufo y los encuentra en plena batalla campal. “¿No os da vergüenza? ¡Os habéis comportado como seres humanos!”, grita el sabio anciano.

 

El álbum incluye, como parece ser habitual, la historia de 20 páginas Pitufofonía en do. Que aunque es tan divertida y está tan bien dibujada como suelen ser las aventuras de los pitufos no es tan intensa ni tiene tantas lecturas como la historia de 40 páginas a la que acompaña.

 

El pitufísimo es todo un clásico con un Peyo en la cumbre de su carrera.

Un tebeo que sigue vigente, te deja sin palabras y que debería no sólo ser reeditado en España, sino ser distribuido por todos los colegios.

Para que los futuros hombres y mujeres del mañana no olviden que quizá es mucho mejor reflexionar sobre tu destino y actuar en consecuencia antes que elegir a alguien para que lo haga por ti y después seguirle como un borrego.

 

Pero claro, ¿a quién le interesa difundir ese tipo de ideas?