CARTAS DE UN POETA: (1826-1849)
por Juan Carlos Pérez Flores
Así
se llama la traducción al español de una obra italiana, “Vita Attraverso le
Lettere”, que es su vez extracto de una edición ampliada de “The Letters of
Edgar Allan Poe”, editadas por John Ward Ostrom.
Partiendo de mi absoluta ignorancia acerca de la vida de Poe, de sus biografías sin duda apasionantes y del hecho todavía más sangrante de poseer el anterior libro desde hace ya tiempo sin todavía haberlo leído, comienzo este breve comentario acerca de un autor cuya obra considero indispensable.
De la lectura de las apenas veinte primeras páginas de esta obra se entiende a Poe como un claro ejemplo de excesos. Excesos vitales que se muestran en sus continuas disputas familiares: resulta inimaginable que puede suceder entre su padre adoptivo, John Allan y el propio escritor, en el breve período que va desde la carta que escribe el 21 de septiembre de 1826, a la siguiente del 19 de marzo de 1827. Las relaciones con su padre adoptivo al parecer, nunca fueron demasiado buenas, pero parecían mantenerse en unos términos aceptables de cortesía y respeto; un joven Poe, de 17 años, le escribe una primera carta a su padre contándole las pequeñas dificultades y cotidianidades de su estancia en la universidad. Sin embargo, en su siguiente misiva nos encontramos con un Poe desairado, colérico, abandonado a la suerte por su padre, al que exige le haga llegar en el más breve tiempo posible, su baúl con sus ropas y sus libros y, si todavía en algo aprecía a su hijo adoptivo, el dinero necesario para que pueda viajar al norte del país (la carta del día siguiente, 20 de marzo, cuantifica esa cantidad en 12 dolares). Tuvo que ser algo de cierta gravedad, sin duda relacionado con su expulsión de la universidad por sus problemas de alcohol y sus deudas de juego, que John Allan rehusa pagar. Desde la distancia se puede adivinar que tal vez, los seguros reproches del padre fueran más que justificados. Sin duda, estos problemas estarán profúsamente recogidos en sus biografías con lo que a ellas, si me equivoco, me remito.
Pero resulta más chocante todavía la realidad que estas cartas nos muestran de este gran escritor. Y es que Poe resulta ser un verdadero mentiroso, con toda la incongruencia que esto supone. Así, como llamativa, por lo irónica que puede resultar para el que conozca algo de su vida personal, destaca la contestación que da a la acusación de los redactores del Weekly Universe acerca de sus costumbres “escandalosamente irregulares”:
“... La realidad es como sigue: mis hábitos son los de un riguroso abstemio, y nada omito del régimen que por naturaleza es necesario para gozar de buena salud: me levanto temprano, almuerzo con moderación, no bebo más que agua y tomo el aire libre con abundancia, aparte de realizar ejericio con regularidad. (...) El deseo de darme al contacto social es algo que sólo surge después de haber entrado en un estado de excitación inducido por la bebida. Sólo en tales ocasiones suelo ir, mejor dicho, sólo en tales ocasiones he tenido por costumbre irme a ver a los amigos, los cuales, dicho sea de paso, en muy rara ocasión, por no decir nunca, me han visto a no ser que estuviera en un estado de excitación y por ello dan por sentado que siempre lo estoy.”
29 de febrero de 1848
No es mi intención, a pesar de lo que pueda parecer, enjuiciar aquí la atormentada existencia de este autor, más si cabe teniendo en cuenta el profundo respeto y admiración que debe merecer su obra. Pero resulta, como digo, curiosa esta visión parcial por parte de Poe de una realidad evidente, según parece, a ojos de todos los demás. Una visión que le llevaba a tergiversar la realidad. A mentir.
Al fin y al cabo, solo fueron unos meses más tarde, el 7 de octubre de 1849, cuando Edgar Allan Poe murió, días más tarde de ser encontrado borracho en mitad de la calle. Su muerte, como sus cartas, no permiten desvelar un misterio que hace todavía más apasionante la vida de este admirado escritor.
(mucha más información, y más documentada, puede consultarse en
www.eapoe.org)