EL OLOR DEL CAMPOSANTO

por Daniel López Aroca

  

Portada de la edición alemana de "El Licantropunk", una de las obras maestras de Max. (No hemos podido escanear la versión española porque no tenemos escaner. Eso se nota en toda la web, creo).(Publicado originalmente en Ínsula, 2005)

La profanación de cadáveres es un hecho con todavía más realidad que literatura. Aunque por motivos comprensibles conocemos muchos más casos desde el siglo XIX, es fácil imaginar en tiempos muy anteriores hechos similares y por los mismos motivos: desvalijamiento de ajuares funerarios, empleo de los cuerpos al servicio de la investigación científica, rituales más o menos religiosos, o usos más “privados”.

Sin embargo, el hecho real más divulgado y que más creaciones literarias ha inspirado corresponde ya al siglo XIX. William Burke y William Hare han pasado a la historia como los más siniestros tratantes de cadáveres. La ciudad de Edimburgo fue el escenario en el que perpetraron entre 17 y 28 asesinatos para abastecer las investigaciones del doctor Robert Knox. Antes de que ellos empezaran con sus crímenes, era un hecho delictivo frecuente el robo de cadáveres recientes de sus propias tumbas para abastecer a la ciencia, en una época en que ésta se había acelerado espectacularmente. La demanda era grande por parte de las facultades de medicina y de los investigadores, y la miseria social empujaba a gentes desesperadas y sin escrúpulos al asalto de tumbas. Tan grave era el problema que incluso se reforzó la vigilancia nocturna de los cementerios. Precisamente esta traba tuvo mucho que ver con el modo de proceder de Burke y Hare. Era de conocimiento común que se pagaban sumas importantes por cadáveres frescos, y según Juan Antonio Cebrián en su obra Pasajes del terror. Psicokillers, asesinos sin alma, este era un asunto frecuentemente comentado en las reuniones de nuestros personajes con sus novias, antes de que iniciaran su terrible negocio. Al parecer, el primer cadáver con el que traficaron no fue asesinado por ellos, sino que falleció en la pensión que regentaba Margaret Laird, la novia de Burke. La alta suma que recibieron de Knox por el cuerpo les sirvió en bandeja la tentación irresistible de seguir. Y teniendo en cuenta lo difícil que se había puesto asaltar cementerios, optaron por la peor vía: el asesinato. A lo largo de los años se dedicaron a buscar a sus víctimas entre gentes sin familias y a las que nadie reclamaría en caso de que desaparecieran. Así, del modo más desalmado, amasaron su fortuna. Finalmente, la policía estrechó el cerco, y consiguió que Hare declarara a cambio de su libertad. La ejecución de Burke fue un acontecimiento en su época; Hare falleció ya anciano y en condiciones miserables.

Este caso real inspiró directamente una de los relatos más famosos de Robert Louis Stevenson, Los ladrones de cadáveres. En él, además de que se menciona la reciente ejecución de Burke (de la que por cierto fue testigo presencial otro maestro de la narrativa, Walter Sott), los paralelismos con el caso real son evidentes. Dos personajes, en este caso estudiantes de medicina, aprenden de otros criminales la rentabilidad económica y la euforia psicológica que proporcionan los asesinatos, con los que abastecen al doctor K., otra clara referencia a un personaje real. El final sobrenatural y la penitencia que sufren los personajes, con aires de moraleja, no ocultan en absoluto los paralelismos con el hecho en el que se inspira el terrorífico relato.

También la obra de H. P. Lovecraft se hizo eco del morboso terror que inspiran las profanaciones de muertos. En su relato El sabueso, dos personajes que recuerdan mucho a los asesinos de Edimburgo asaltan tumbas no por dinero, sino por encontrar sensaciones intensas que los evadan del tedio. De sus exhumaciones obtienen objetos que constituyen un auténtico museo de los horrores: momias, calaveras, miembros mutilados y otros macabros objetos constituyen un mundo hediondo del que los dos protagonistas disfrutan en secreto. El hallazgo en una tumba de un objeto del que mejor hubiera sido no saber siquiera nos introducirá de lleno en el mundo lovecraftiano, y el final así lo constata.

Página original de prensa donde se da noticia de los célebres crímenes de Burke y Hare, tan imitados hoy día...La idea del cuento de Lovecraft no es ni tan disparatada ni tan ajena a la realidad como en principio se pueda suponer. El siglo XX ha dejado ejemplos reales de casos que se asemejan mucho a la obra del maestro de Providence, si acaso más cruentos. El ejemplo fundamental es el de Ed Gein. Nacido en 1906 en Wisconsin, Gein cuenta como uno de los primeros psicokillers norteamericanos. En realidad mató con seguridad sólo a dos mujeres. Pero el terror que evoca se relaciona no sólo con los asesinatos, sino con la macabra colección que atesoró durante años en su casa y que se descubrió sólo a raíz de su salto al crimen sangriento. La casa de Gein estaba decorada con restos humanos procedentes de sus asaltos a tumbas: medias calaveras empleadas como ceniceros, o enteras rematando las columnas de la cama; lámparas cuyos pies eran huesos; libros encuadernados con piel humana curtida... Pero las joyas de su colección eran las ropas que él mismo confeccionó a partir de piel y cabellos de mujeres. Según el propio Gein, su fantasía sexual era convertirse en mujer, y a tal propósito se confeccionó tan siniestro ajuar. Años de tales prácticas, condicionados seguramente por la severísima educación que recibió y las penosas condiciones de su familia, desembocaron en el doble crimen que lo condenó. Sus vecinos incendiaron la casa en la que perpetró sus atrocidades a fin de evitar que se convirtiera en una malsana atracción turística. Pero su mito perdura.

Una obra que enlaza directamente también con el caso Burke/Hare es el guión cinematográfico que en 1953 escribió el famoso autor galés Dylan Thomas, El doctor y los demonios, que, probablemente debido a la muerte del autor en ese mismo año, no fue realizada hasta el año 1985, por el veterano director de películas de terror Freddie Francis. La obra, sin renunciar al horror como tema, en una hábil exploración de cuestiones más profundas de carácter político, social y espiritual.

Más referencias a Burke y Hare aparecen en los cómics de Max Peter Pank y El Licantropunk. En estas obras, provocadoras versiones para adultos del mundo de Peter Pan, las sombras de ambos asesinos aparecen haciendo lo que mejor saber: manipular cadáveres.

Por último, en la obra de Alberto López Aroca es posible detectar también diversas referencias al mundo de los saqueadores de tumbas y vendedores de cuerpos. En el índice onomástico de Los Espectros Conjurados, nombra a Burke y Hare como posibles testigos de cómo Eurinomio El De Las Llagas, La Piel De Zorro Y Los Dientes De Lobo se alimenta en algún cementerio.

Pero la mejor aproximación de Alberto López Aroca al mundo de los amigos de los cementerios es la novela El placer según Mateo, en la que nos muestra un modo peculiar de sacar partido a los camposantos, de los cuales deja también claro que si dan miedo es por algo. Además, en una nota al final incluye cierta información sobre auténticos asaltos a tumbas en Albacete, que animan mucho a pasarse por allí de noche. Como reza el título de otra obra suya, A por cadáveres, si te atreves. Pero es más fácil y lucrativo coger los que flotan en los ríos sagrados de la India, como hacen ciertas redes internacionales, que romper los nichos, tras los cuales no podemos estar seguros de lo que vamos a encontrar.

 

 

Bibliografía consultada:

 

Cebrián, Juan Antonio: Pasajes del Terror. Psicokillers, asesinos sin alma. Ed. Nowtilus S.A., serie Nowtilus Frontera, primera edición, Madrid, 2003.

Stevenson, R. L.: relato El ladrón de cadáveres. Incluido en Historias escocesas. Editorial Valdemar, serie Avatares, primera edición, Madrid, 1995.

Lovecraft, H. P.: relato El sabueso. Incluido en Dagón y otros relatos. Alianza Editorial, serie El Libro de Bolsillo nº 891, 2ª edición, Madrid, 1984.

Thomas, Dylan: El doctor y los demonios. Guión cinematográfico, 1953. Llevado a la pantalla por Freddie Francis, Brooksfilm, 1985.

Max: Peter Pank. Ediciones La Cúpula, primera edición, Barcelona, 1984.

______: El licantropunk. Ediciones La Cúpula, primera edición, Barcelona, 1987.

López Aroca, Alberto: El placer según  Mateo. Fábulas Extrañas, serie Los Libros de Fábulas Extrañas nº 1, primera edición, Albacete, 2001.

___________: Los espectros  conjurados. Fábulas Extrañas, Biblioteca Barkerville nº 1, primera edición, Albacete, 2004.