LOS INVENTOS DEL DIABLO:
LOS DOCTORES (I y II)
por Arturo Botella

  

Lex Luthor, visto por algún autor famoso y bueno, convertido en el Águila Americana (o George Bush) de nuestro tiempo. Un hombre de recursosI

Que cualquier imbécil puede llegar a ser la gran super-esperanza del planeta es algo de sobras conocido, y existe amplia bibliografía que lo prueba: básicamente todo consiste en estar en el momento justo en el lugar equivocado (o al revés, según se quiera ver) y el destino hace el resto (eso sí, generalmente ayuda, y mucho, ser estadounidense). Sin embargo, el nacimiento de una verdadera némesis, de una super-amenaza que ponga de rodillas a medio mundo y tenga bien acojonado al otro medio es un proceso mucho más complejo.

            En estos momentos el lector mal intencionado ya estará rebuscando en su memoria (o en algún mueble enorme de estanterías, lo que esté más ordenado) para esgrimir airado nombres y nombres de villanos de poderes y trajes asombrosos, pero permítame decirle que, si cierto es que la misma araña radioactiva que nos consigue un poderoso icono del bien puede, perfectamente, dedicarse a dar picotazos a un chorizo vulgar y corriente, esto no nos proporcionará otra cosa que un superchorizo, el cual, bien intentará emplear sus nuevas habilidades para proseguir con su antigua vida delictiva (lo que tampoco es tan peligroso como pudiera pensarse, teniendo en cuenta que estos individuos compensan su inevitable falta de inteligencia con generosas dosis de mala suerte, siendo perfectamente capaces de arrancar de cuajo y cargar por media ciudad el único cajero automático sin un triste centavo del planeta), bien acabará como asalariado de un verdadero supergenio del mal.

            No, amigo lector, para hallar la génesis de una verdadera supernémesis es imprescindible trasladarnos hasta un aulario cualquiera de una de tantas universidades de este mundo (y muy de cuando en cuando de algún otro). Allí, rodeado de una masa de infelices que son incapaces de comprenderle, encontraremos a uno de esos hombres de intelecto y aptitudes superiores que de tanto en tanto nos da la historia y que están llamados a ayudar a la humanidad a dar algún paso de gigante.

Estos individuos consumen buena parte de su juventud de facultad en facultad, acumulando conocimientos y doctorados como quien colecciona cascos de cerveza (ocupación esta habitual entre sus compañeros). Sin embargo, es bien sabido que ningún ser humano es capaz de terminar una carrera y un doctorado sin desarrollar cierto odio irracional contra el mundo en general y la clase docente en particular; así pues, se deja a la imaginación del lector el efecto que la consecución de, pongamos, siete u ocho doctorados, en apenas ¿nueve?, ¿diez años?, debe tener en una psique, por portentosa que sea.

Es inevitable; cuando a nuestro sujeto le llega el momento de integrarse al mundo laboral las semillas para la creación del futuro genio del mal no sólo están bien plantadas: germinan a toda velocidad. Cuánto tiempo aguantará hasta que frustración tras frustración le aboquen a la senda del crimen es imposible de precisar, pero al final, harto de que el incompetente de su jefe se adjudique todos sus méritos y el cabrón de su vecino culturista se lleve a la cama a todas las tipas que le gustan tomará la fatídica decisión: abandonará su vida, su casa y probablemente su nombre, y emprenderá un viaje iniciático que lo llevará a algún exótico destino... Y años más tarde, cuando el mundo vuelva a saber de él, será para descubrir que se le da muy bien la construcción de rayos de la muerte.

 

II

Superman y el Doctor Muerte (o Doom), vistos por el llorado John Buscema, en el segundo especial tabloide "Superman vs. Spiderman". Si no has leído este tebeo, suicídate.Así, quien estaba destinado a encontrar la cura contra el cáncer o desarrollar el primer reactor de fusión fría ha resultado no estar muy por la labor de investigar vacunas, y los únicos reactores que muestra al mundo son los que alimentan a sus robots asesinos de 50 pies. La némesis ya esta aquí, y tiene un plan infalible para apoderarse del planeta (a fin de cuentas algo le debe) o por lo menos chantajear a alguna potencia capitalista.

Hemos dicho un plan infalible, cuando deberíamos haber dicho casi infalible. En efecto, el plan siempre tiene un pequeño fallo, apenas un resquicio imperceptible dada su vastedad y perfección, pero que es todo lo que necesita el destino para jugarle una mala pasada al genio del mal. Eso, y algún superhombre disfrazado.

Indefectiblemente, la némesis será derrotada, su plan maestro fracasará, su laboratorio secreto (con todos sus portentos) será destruido o capturado, y él escapará en el último momento a una muerte segura de la que todos creerán que no ha escapado. Y esto, a partir de ese momento, pasará a ser una rutina en la vida del genio del mal, lo que no hará sino sumirlo en un interminable ciclo de retroalimentación de su frustración y odio hacia toda la creación, condenado como esta a ver como sus magistrales proyectos son siempre desbaratados por idiotas afortunados a todas luces menos inteligentes que él.

Conforme este trauma principal se agudiza, desaparece toda esperanzar de recuperar para la humanidad al que podría haber sido su nuevo Einstein o Mozart, y comienzan a hacer su aparición otras patologías secundarias asociadas, la principal de las cuales es el llamado Síndrome del Profesor Ivo, que consiste en la incesante necesidad de reforzar el ego mediante una creatividad incontrolada, lo que impide al sujeto de forma irracional repetir cualquier acción pasada que le llevará a una situación de estrés emocional (un plan fracasado por ejemplo) por genial y apropiada a sus presentes necesidades que esta fuera.

También hay quien ha postulado que la incapacidad permanente para triunfar del genio del mal, no se debe a la casualidad ni a los esfuerzos de los superhéroes, sino a un extraño desorden afectivo que les impulsa, inconscientemente, a boicotear sus propios planes. No obstante, tal extremo nunca ha podido ser probado.

Finalmente, y antes de que algún lector nos escriba haciendo notar posibles incongruencias en esta tesis, es cierto que existe el caso, ampliamente conocido, de un gran héroe cuya biografía parece seguir paso por paso las claves aquí expuestas en la creación de una némesis. Sin embargo, he de decir que un estudio algo más crítico de lo habitual sobre su vida arroja serias dudas sobre su supuesta bondad y altruismo. No deja de ser curioso que el "accidente" que les transformo a él y a sus tres acompañantes en cuatro criaturas extremadamente poderosas tan sólo desfigurara horriblemente a su amigo y principal candidato a conseguir el amor de la que luego sería esposa, así como la frecuencia con que sus "desinteresadas" aventuras le permiten confiscar aparatos de increíble sofisticación, que suelen acabar dando lugar a algunas de las patentes que han hecho de él uno de los hombres más ricos e influyentes del planeta.