| EN RESPUESTA
A “THE COLORADO KID: ¿EL
REGRESO DE RICHARD BACHMAN?” por Alberto López Aroca |
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Admito que no es habitual responder a un artículo que uno mismo ha publicado en otro momento, pero esta es una de esas pocas ocasiones en que la vida te permite ser freak a más no poder. The Colorado Kid: ¿El regreso de Richad Bachman? se publicó hace unos meses en el suplemento cultural Ínsula, perteneciente al diario El Pueblo de Albacete, y en él intenté reseñar un libro de Stephen King que aún no había salido en España (ni tan siquiera en Estados Unidos, ahora que lo pienso). En dicho artículo, que puede leerse aquí, servidor especulaba con la naturaleza y argumento de dicha novelita, y aproveché el espacio para hablar de los Gold Medal, unos maravillosos libritos cincuenteros, de serie negra popular, que por cierto, jamás he visto en mi vida. Pero seguro que son de puta madre. El caso es que este mismo mes (ayer, día 11 de enero), apareció a la venta en Albacete la dichosa obra de King, titulada en España Colorado Kid (se han limitado a quitarle el “The”, cosa que no me parece demasiado mal). Y ha resultado que todas mis cábalas eran completamente vanas, vacías y sin fuste. Colorado Kid no marca el regreso de Richard Bachman (el nombre con el que King escribió unas cuantas novelas, que no tienen nada que ver con Richard Stark, pero en realidad sí... es una larga historia), ni es serie negra “retro”, ni tiene desiertos a lo Sergio Leone, ni héroes de mirada fría, ni vampiresas de pin-up, de esas que sostienen en la mano un cóctel mientras seducen al débil varón con el rabillo del ojo. Y no es que esperara una aventura de Parker, exactamente, ni siquiera un caso de Easy Rawlins (o de Umney, que es el detective privado que King utilizó en cierta ocasión)... Esa portada de la colección Hard Case, supuesta heredera de los Gold Medal, me despistó por completo. En Colorado Kid no hay tiros, ni burdeles, ni fulanas, ni gángsters, ni ladrones, ni nada parecido. Lo descubrí en cuanto vi la portada de la edición española, que con suerte, estará por aquí cerca, adornando este texto. En realidad, la novela es dos cosas: una pequeña lección sobre lo que debería ser el periodismo (una ficción de lo que Stephen King cree que es el periodismo profesional), y una reflexión sobre “la naturaleza del propio misterio”, como reza la contraportada, creo que con acierto. Otras dos cosas más: Primera, y más importante, a mí me ha parecido una lectura excelente y muy grata, y sobre todo muy recomendable. Segunda, y menos trascendente, es que a los aficionados a King que esperan historias de “aquí empieza, y al final acaba”, no les va a gustar este volumen en absoluto. Ya sucedió antes con otra novela del autor, Buick 8, que decepcionó a muchos, y a mí me pareció obra maestra indiscutible (a veces soy un completo iluso). Parece ser que, con la edad, el viejo Stephen está empezando a volverse peligrosamente reflexivo, y sobre todo tras su accidente, que lo postró en una cama durante demasiado tiempo, King se ha puesto a darle vueltas a la cabeza. Cada vez piensa menos en monstruos que viven bajo pueblos pequeños, o en hoteles, y se acerca (de nuevo, peligrosamente) a la realidad aún más cotidiana: si sus retratos corales de poblaciones de Nueva Inglaterra eran una delicia a lo Peyton Place que siempre acababa imbuida por el espectro de lo sobrenatural, ahora ese aspecto de nuestra realidad, lo maravilloso (que en ocasiones es, sencillamente, lo terriblemente maravilloso), se ha convertido en algo mucho más huidizo, apenas asible: antes, el niño de ha historia se topaba con el monstruo frente a frente; ahora, sólo cree atisbar algo en las sombras, algo que le produce un ligero escalofrío. Pero nada más.
El componente fantástico se ha diluido en Colorado Kid. El señor King (el viejo Stephen, que ya es como un viejo amigo al que conozco desde la infancia, nada venerable, sino entrañable, cascarrabias, de ideas reaccionarias, pero indudablemente adorable, sobre todo porque siempre se puede contar con él) está, en los últimos tiempos, destilando su visión del Mal y de lo Extraordinario, para dejarnos con el más limpio de los textos, casi un ensayo, dedicado al Misterio. No en vano, los protagonistas de Colorado Kid citan regularmente la máxima más conocida de Sherlock Holmes: “Cuando se elimina lo imposible, lo que quede, por improbable que parezca, debe ser la verdad”. Y esta máxima, como bien sabe (o al menos intuye) el señor King, si se aplica a un alto porcentaje de los hechos de la vida real, no conduce más que a un sendero de incógnitas que se bifurcan en otros misterios, si cabe, mayores que el inicial. Sé muy bien que Stephen King no necesita publicidad gratuita, pero ¿saben? Es tan rico que tampoco necesita seguir escribiendo. Y si lo hace, es porque le gusta su trabajo. Y en contra de lo que dice todo el mundo, cada vez es mejor.
Copyright © 2006 Alberto López Aroca. Reservados todos los derechos
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