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Enero
2006
Carta
al director
por Sergio Ramos
Somos un grupo de docentes de todos
los niveles educativos que estamos muy preocupados por el bajo nivel
cultural en nuestra sociedad, los altos índices de fracaso escolar y
la proliferación de telebasura.
Para salir de esta situación queremos
traspasar los muros de las escuelas, los institutos y las
universidades, llevando la cultura y la educación a ámbitos en los
que hasta la fecha hemos estado ausentes, en los que nuestra dejadez
ha privado a muchos ciudadanos del derecho universal a la cultura.
Como primer paso, queremos llegar a un
acuerdo con las autoridades eclesiásticas para que nos cedan un diez
por ciento del tiempo de las misas con el fin de que profesores
especialistas en las distintas disciplinas puedan llegar más
fácilmente a los creyentes mediante breves intervenciones
didácticas.
Estamos estudiando cuál sería el
momento idóneo para insertar en las misas contenidos científicos y
culturales, tal vez inmediatamente después de la consagración o
justo antes del padre nuestro.
Está claro que algunos feligreses
podrían, con razón, objetar que ellos no tienen porqué aumentar sus
conocimientos ni su cultura, ya que acuden a misa con el sólo fin de
orar y escuchar la palabra de Dios.
Para solucionar este problema, y aunque pudiera parecer
inconstitucional, a la entrada a la iglesia les haríamos rellenar un
formulario para que manifestaran su preferencia por la religión o la
cultura.
Una vez identificadas estas personas,
podrían abandonar en el momento adecuado la nave principal de la
iglesia y reunirse en las capillas laterales, la cripta o el salón
parroquial. Con el fin de evitar agravios, estas personas podrían
recibir durante ese rato charlas de carácter no cultural ni
educativo pero muy relacionadas con los contenidos que se estén
impartiendo en ese momento al resto de los fieles desde el altar.
Por ejemplo, los feligreses que no
quieran repasar la tabla periódica, estudiarán los efectos
perniciosos de los colorantes alimentarios, los que no quieran hacer
ejercicios de educación física podrán ver un documental sobre la
obesidad, y los que no quieran repasar los verbos irregulares
ingleses podrían estudiar estadísticas sobre la importancia de
hablar idiomas en el mundo moderno.
Los obispos nos han adelantado que no
habría problema en computar el tiempo de cualquiera de estas
actividades como tiempo equiparable al dedicado a escuchar la
palabra de Dios, a la oración, a la contemplación, la penitencia o a
la caridad y en ningún caso podrá discriminarse el acceso a la
salvación eterna a los fieles en razón de sus preferencias
religiosas o educativas.
Tampoco han puesto la más mínima
objeción a la aparente contradicción derivada de que el contenido de
las misas esté basado en la fe y las creencias, en contraste con la
naturaleza científica y académica de los contenidos que
habitualmente impartimos en las aulas.
En un primer momento, las clases se
impartirían sólo durante las misas obligatorias de los domingos y
fiestas de guardar, para más adelante extenderse a otros actos
religiosos de asistencia no obligatoria como bautizos, bodas,
comuniones, funerales, ejercicios espirituales, ordenaciones
sacerdotales e incluso ceremonias de canonización o beatificación.
Pero, ¿de dónde saldría el dinero para
pagar al profesorado que trabaje los domingos? Sin duda alguna de
los donativos que los fieles depositan en los cepillos, del
porcentaje de impuestos destinados al sostenimiento de la Iglesia
Católica o, en general, de los presupuestos de la Iglesia.
Para garantizar la calidad de las enseñanzas impartidas, nuestra
asociación gestionaría directamente el dinero aportado por la
Iglesia y con él contrataría a profesores de sólida formación
pedagógica y científica que se encargarían de impartir las clases
durante las misas.
Naturalmente, dado el carácter
eminentemente laico de las clases, no dudaríamos en despedir
fulminantemente a aquellos profesores que no mantuvieran una
coherencia laica entre su vida profesional y personal haciendo cosas
como casarse por la iglesia, acudir a misa semanalmente o participar
en cualquier tipo de actos religiosos.
Finalmente, llevaremos nuestras
negociaciones hasta el mismo Vaticano, con cuyas autoridades
firmaríamos un concordato que garantizara la continuidad de nuestra
noble tarea docente en las iglesias durante los años venideros.
¿Te parece un disparate? ¿Te parece
difícil de conseguir? No es tan disparatado ni tan difícil. Ahí
tenemos el ejemplo de los acuerdos entre la Iglesia y el Ministerio
de Educación en torno a la asignatura de religión y su alternativa.
Al final han conseguido lo que nadie
hubiera creído posible.
Entre tanto, puedes hacer llegar
nuestra propuesta educativa a docentes, padres, alumnos, políticos,
sindicalistas, medios de comunicación e incluso a las autoridades
eclesiásticas. Tal vez así contribuyamos a que se entienda mejor lo
que está ocurriendo en relación con la enseñanza de la religión en
los centros sostenidos con dinero público. |