Alfonso Ponce Gómez 2003 - © Miguel Ángel Aguilar Avilés   La poesía escrita a mano
  
Por Miguel Ángel Aguilar Avilés

 

 « Hay que traspasar
la antorcha literaria
    a los más jóvenes »

 

Alfonso Ponce Gómez (1947, Albacete) acaba de presentar “Oscuro Fulgor” en Albacete, un libro de poesía que se suma a los tres ya publicados por el autor. La edición de este último libro viene arropada por el X Premio de Poesía Paco Moyá del Ayuntamiento de Pretel (Alicante).

Pude conocer a este profesor de literatura del Instituto nº 5 de Albacete gracias a las tertulias que el grupo literario local Alcandora celebra cada sábado, desde hace bastantes años, en el "pisito superior" de la cafetería-pastelería La Suiza. Alfonso Ponce es el presidente de Alcandora, a pesar de haber sido el último en incorporarse a esta tertulia de personajes afables y peculiares de nuestra literatura local. Aunque reservado a primera vista, no tiene reparos en hablar, cuando se acortan las distancias, de sus verdaderas inquietudes literarias en el día a día, de cómo los niños sí que se interesan por la literatura a pesar de la carrera de obstáculos que supone, muchas veces, el sistema educativo y el propio ritmo de nuestros días: “El problema es que, desde pequeños, se les crean otros intereses”, comenta, “y al llegar a la escuela tampoco se les ofrece una educación continuada. Cada año es un mundo distinto, un profesor distinto, unas metas diferentes... Los alumnos, desde que comienzan a ir a clase, son como esponjas, pero les sobran barreras”. Cuando habla de cómo intenta que sus alumnos, al menos, hablen bien y sepan redactar, y cómo les propone ejercicios para que escriban cuentos, etc... sus ojos brillan más que cuando habla de sus propios libros, o de sus pensamientos en torno a la Literatura con mayúsculas. “Hay que traspasar la antorcha literaria a los más jóvenes, y si luego ellos quieren contar con nosotros, o les podemos servir de ayuda, eso es más secundario”.

Unos días antes de que fuera a presentar su libro, “Oscuro fulgor”, en Albacete, quedamos en una cafetería de barrio, “sin pretensiones”-como él califica su obra-, para tomar un café e intercambiar unas palabras.

 

A la hora de escribir un libro, ¿se lo plantea como un proyecto unitario o es más bien la consecuencia de recoger diversos poemas y agruparlos como libro?

R: La mayoría de las cosas que tengo son poemas sueltos, mezclados, pero este libro [“Oscuro Fulgor”], por ejemplo, ha resultado una reflexión del paso del tiempo y del problema existencial. El proceso consistió en que me fueron saliendo unos cuantos poemas que tenían una cierta unidad. Son cosas breves, como flashes, poemas a veces de nueve o diez versos, pero que todos incidían en la misma cuestión: la existencia, la propia trascendencia, el paso del tiempo... Entonces, cuando llevaba la mitad de los poemas –aproximadamente- vi que ahondando un poco más, y siguiendo el tema, podía conseguir algo que tuviese una cierta unidad. Generalmente mi poesía es sentida, es decir comunicativa, pero en este último libro se refleja de manera más concreta la inquietud y la duda, el miedo a veces, de que puede no haber nada, de que en realidad la realidad es lo único que pisamos. A lo mejor es ya por la edad, o por lo que sea... [se ríe]. Entonces todo esto, que es lo que siente una persona con cierta experiencia ya, o con cierta edad, me ha venido rondando y me ha facilitado el resultado de este libro. El libro contiene una reflexión que, al principio, ni me la planteaba: eran cosas que yo sentía así en períodos de crisis o de vacío, o de decir “no vale la pena nada” o “en realidad lo que tocamos es lo único que hay”. Y me fueron saliendo cosas hasta que vi que el tema tenía una cierta unidad, y lo agrupé. Pero hacer un libro no es algo que me plantee a priori.

Hay bastante gente que sí lo hace.

R: A mí eso de decir “pues voy a hacer un poemario sobre esto” no me pasa. Sí que me ocurre, curiosamente, que después de haber escrito este libro, he intentado hacer otras cosas y tengo que pararme un poco porque sigo escribiendo lo mismo, como una prolongación del libro, una reiteración. Ahora quisiera cambiar el chip, porque veo que reincido sobre los mismos temas.

¿En “Oscuro fulgor” hay algún cambio de tema brusco respecto a sus libros anteriores?

R: Sí. Respecto a los temas que he tocado anteriormente, empecé con un libro de temática diversa, “La otra orilla”, y luego tengo uno que es de poesía para niños y otro de cuentos infantiles.

No hay mucha gente en Albacete que toque temas infantiles ¿no?

R: Que yo conozca, no muchos. Yo le presenté el libro de cuentos infantiles a la Diputación de Albacete, y allí me dijeron que ellos no habían sacado ningún libro aún relacionado con literatura infantil pero que el tema les interesaba y, tras dormir el libro un par de años, me llamaron y lo editaron. Y a partir de editarme este libro, creo que han editado un par de libros de temática infantil, de una chica de Almagro y de otra mujer, según creo.

Al escribir las poesías infantiles, que a mí me parece algo muy difícil, en “Tú un niño, yo lo que quiere el mar”, ¿se planteaba “esto ha de ser para niños” o al final se contagiaba de cosas suyas “más adultas”?

R: Dentro del poema, por ejemplo, “Tú un niño, yo lo que quiere el mar” de Lorca hay cosas que no son tan “de niños”. Digamos que son tan sencillas que un chico de 15 o 16 años puede recogerlas fácilmente.
Yo creo que esto me viene por mi profesión, porque siempre he trabajado, y trabajo, con gente jovencilla, y siempre he querido trasladarles mis inquietudes, aunque sea un poco. Al trabajar con ellos, y siendo ellos a veces mi pequeña inspiración, han ido saliendo cosas que más tarde he reunido (también sin pensarlo mucho). Han salido cosas que, en ocasiones, tienen mucha profundidad pero que son tan asequibles, tan sencillas, que ellos mismos las pueden ver.

Los poemas de “Oscuro fulgor” me han parecido muy esenciales, en su forma y contenido, carentes de parafernalia, ¿no le gusta atenerse a los tecnicismos o a las formas ya establecidas?

R: Los poemas son muy desnudos, y de verso libre. A veces he intentado hacer formas clásicas, por la Presentación de OSCURO FULGOR en Albacete. Francisco Bonal, Alfonso Ponce y Francisco Jiménez Carretero cuestión de decir “voy a ver si soy capaz”, y me parece que tengo, desde que empecé a escribir, no más de tres o cuatro sonetos.  Pero someterme a ese rigor de la rima y del endecasílabo (que me parece una maravilla quien lo sabe hacer y dice, además, algo) me cuesta mucho y me fuerza mucho la situación y, como la cuestión es que llegue a la gente, yo me desenvuelvo mejor en el verso libre. Dentro del verso libre hay algunas cosas que, a pesar de su sencillez, tienen una gran elaboración. 
A través de lo que he leído, y como profesor de literatura, las técnicas y formas clásicas las conozco, pero a mí me salen cosas muy llanas y muy sencillas. Y pienso, incluso, que en los momentos en los que estamos ahora, en los que la gente va aprisa a todas partes, esos grandes poemas o esas grandes novelas o relatos indudablemente interesan, pero yo creo que la gente agradece los pequeños mensajes. A mí me ocurre que tanto los poemas como los relatos me salen breves, en cuanto escribo cuentos superiores a tres o cuatro folios los relatos se me mueren. Soy tan concentrado, digamos, que a veces los amigos me han dicho que por qué no prolongo los relatos, pero es que siempre tengo la idea de que lo que quiero decir lo quiero decir sin dar grandes rodeos, yendo a la esencia de los asuntos. Y me da la sensación de que, aunque a veces sería capaz de prolongarlos un poco más, perderían frescura.

¿De dónde salen los dibujos que ilustran “Oscuro Fulgor” y quién los hace?

R: Pues el poemario se lo di a leer a un compañero del instituto de Almansa, que es catedrático de dibujo y al que le gusta mucho la poesía, y, sin que yo le dijera nada, me lo devolvió ya ilustrado y me dijo “esto es lo que, después de leerlo, me sugiere”. Y fue estupendo porque los dibujos son muy esquemáticos, como una idea cada uno, y sugieren mucho.
Cuando desde la organización de premio me comunicaron la publicación del libro, yo les sugerí incluir también los dibujos. Al principio me dijeron que no era costumbre de la editorial incluir dibujos, pero, con todo, yo se los envié; y parece que les gustaron y los han incluido. Más tarde me comentaron que fue un acierto enviárselos y que quedaban muy bien junto a los poemas. Estoy muy contento por las dos cosas: por los poemas y por los dibujos, que acompañan mucho.

Y ahora ¿tiene nuevos proyectos?

R: Bueno, la idea de uno al acabar algo es la de decir: rompo con esto y ahora hago cosas distintas. Pero ya te digo, alguna vez que me he puesto a escribir después del libro, me vuelven a salir cosas de este tipo, no sé... [risas]

...va escribiendo a su aire.

R: Sí, pero además sin ninguna pretensión, y sin prisa. Puedo pasar semanas y meses sin escribir, aunque siempre surgen flashes y cosas, y eso me gusta. Pero sí tengo algo de, no desengaño, pero sí pesimismo perfumando la situación: hay días en los que me digo “bueno, dejo de escribir porque ¿para qué?”. De modo que escribo siempre de forma aislada y sin pretender nada, porque algún amigo he tenido –cuando he estado en Tarragona y en Almansa- cuya pretensión era la de trabajar la escritura para conseguir mejorar, o publicar, o progresar... pero yo no persigo grandes cosas más allá de lo que son pequeños grupos de amistad.

A veces da la impresión de que los premios literarios son la mejor manera de poder publicar y de ser leído por la gente ¿se lo parece, o no es así necesariamente?

R: Bueno, publicar sin el apoyo de una institución o de un premio es una super aventura. Porque publicándoloAlfonso Ponce dando lectura a uno de los poemas de su libro "Oscuro Fulgor" uno mismo, si se quiere que el libro llegue a un mínimo de personas, es difícil superar el entorno de la propia familia. Los premios que yo tengo son: a un poema, a un cuento... a pequeño nivel. 
El primer libro que tengo publicado fue del Ayuntamiento de Almansa: allí teníamos un grupo de muchachos y chicas interesados en escribir y nos reuníamos en torno a la biblioteca Biblos, con una bibliotecaria-librera encantadora que quiso, en un momento dado, hacer un concurso para el “día del libro”. Al cabo de cuatro o cinco ediciones del concurso reunió los trabajos premiados, así como los que consideraba de más calidad, e hizo un libro que publicó el Ayuntamiento de Almansa. El libro tuvo bastante aceptación y repercusión porque se trataba de un grupo numeroso e ilusionado de gente joven. Los otros dos libros que tengo fueron editados por la diputación de Albacete, y “Oscuro Fulgor” ha sido publicado gracias a un premio obtenido en Petrel (Alicante). Este último libro fue elegido entre unos 600 que se presentaron, según me parece, y creo que eso es una casualidad porque, si yo tuviera que ser jurado entre 600 trabajos, qué menos que no saber que hacer con 10 o 12 porque, aunque fueras a desechar el 70% , que ya es decir, sería algo bastante injusto.
Yo creo que los concursos literarios tendrían que hacerse sin grandes dotaciones ni grandes premios, pero que hubiera una gama de ocho o diez trabajos seleccionados para que pudiera existir un poco más de perspectiva. Porque si hay un concurso y mandas algo, y solamente premian a uno, entonces parece que los demás no tuvieran calidad. Y, muchas veces, se quedan en el camino trabajos superiores a los que han ganado.

¿Ha dejado de presentarse, alguna vez, a un concurso literario por saber que estaba dado de antemano?, ¿son cosas que se saben?

R: Yo me presento a los pocos premios de los que llego a conocer su existencia. Apenas tengo información. Sí que habrá gente que tenga conocimiento de todos los premios que se convocan por ahí, pero ese mundo yo lo conozco muy superficialmente: alguna cosa que veo en el periódico, etc... pero, al fin, mi información es pequeña.

¿Qué es lo mejor de recibir un premio?

R: Te puedo decir que en buena parte es la satisfacción personal, eso está clarísimo, porque hay que ser honestos con el hecho de que gratifica que tu obra sea aceptada y sea publicada. Es algo de vanidad, al menos entendida como “que lo que yo he hecho pueda llegar y agrade a ciertas personas”. En cuanto a otras cosas no... porque yo soy consciente de mis limitaciones y sé claramente que un poeta no soy. No lo soy en el sentido de esta gente que dice “yo soy poeta”: No. Plasmo mis sentimientos o lo que se me ocurre y eso, a veces, llega a la gente o gusta más o menos, pero sin pretensiones... La palabra poeta es enorme.

Además de ser una palabra muy gastada...

R: Yo no tengo conciencia de serlo, sobre todo porque he tenido muchos años de aislamiento, en que la escritura ha sido una cosa personal que no ha trascendido más que a algunos amigos. Yo recuerdo que, cuando estaba de educador en la Universidad Laboral, recitábamos por las habitaciones, con los chavales, poemas de Lorca o de Neruda o de quien les gustara, y se tocaba la guitarra y hacíamos grabaciones. A ese pequeño nivel encontrábamos satisfacción, pero fuera de eso yo soy un grano en el mar. En Almansa, formamos aquel grupillo en torno a una librería, en petit comité, y ahora desde que me he venido a Albacete, me han invitado a acercarme al grupo Alcandora 
-pero yo no me atrevía a ir , por timidez-, hasta que fui y así he ampliado un poco el círculo.

Y ahora es el presidente de Alcandora...

R: Yo a ti te puedo decir que soy presidente porque nadie quiere ser [risas].
No, cuando Paco Bermúdez dejó la presidencia se planteó esa cuestión, y como la gente nunca suele estar por dar el primer paso en estos asuntos, y vi a Francisco G. Bermúdez bastante preocupado porque este grupo, que anteriormente contó con gente de bastante importancia, desapareciera, pues me ofrecí yo a asumir esa responsabilidad, dado que ninguno se animaba.

Actualmente, ¿qué actividades lleva a cabo el grupo literario Alcandora?

Miembros del grupo Alcandora, el pasado diciembre de 2003R: Por una parte, y desde hace dos años, venimos realizando en el mes de abril o mayo Los Jueves Literarios de Alcandora, que son jornadas en las que invitamos a escritores o grupos literarios a recitar y conversar en el Ateneo de Albacete, procurando que haya una cierta diversidad, y al final hacemos entrega de algún regalo o algún tipo de trofeo conmemorativo, y nos tomamos unos vinos, sin mayores pretensiones. Yo creo que estas pequeñas cosas, aunque sean sencillas, deberían hacerse, servirían para conocernos y para, por lo menos, pasar un rato agradable.
Por otra parte seguimos convocando anualmente un concurso literario desde Alcandora, pero sucede que, como las instituciones nos dan tan poquito dinero –creo que unas cincuenta mil pesetas- convocamos el concurso cuando conseguimos reunir un cierto dinero, porque no queremos hacer una cosa grandiosa pero tampoco algo ridículo. De hecho, alguna vez, hemos tenido que adelantar nosotros el dinero por no haber llegado la subvención. De ahí que actualmente no contemos con una fecha fija de convocatoria, aunque seguimos celebrando este concurso, desde hace unos 11 años.
Por lo demás, la gente de Alcandora nos reunimos todos los sábados a las 11:30 en la cafetería La Suiza, junto a la plaza de la Constitución, a donde invitamos a venir a todo aquel aficionado a la escritura y la literatura que lo desee.

Desde su percepción, ¿hay bastante movimiento literario en Albacete?

R: Aunque conozco poquito el ambiente de los que escribimos, sí creo que a través de estos pequeños grupos que hay (La Confitería, nosotros, los grupos más jóvenes, etc) debería de haber una especie de conexión, de contacto, para conocernos más y enriquecer este mundillo literario: hacer pequeños debates, o concursos y reuniones, que, aunque quizás no fueran de gran trascendencia, creo que serían algo positivo. Por ejemplo, bien organizado, cada institución o cada grupo podría repartirse al cabo del año unas jornadas, etc, para así poder llenar el año cultural de Albacete un poco mejor. Ya te digo que sin grandes pretensiones, porque no tenemos grandes medios, pero sí por el hecho de conocernos, de enseñarnos las cosas, de programar pequeñas cosas que pueden interesarles a 50 personas, o a 100... Yo creo que sería interesante. Aunque a veces falte, quizás, alguien que tire del carro.

Para acabar y que no se quede en el tintero, ¿algún deseo?

R: Deberíamos tratar de enriquecer un poquito más la literatura y la cultura de Albacete, y que los pequeños grupos vayamos haciendo pequeñas cosas que se vean, y luego, si a través de ahí se ve que hay una plataforma para hacer algo de más interés o enjundia, pues también podría hacerse. Pero esos pequeños pasos yo creo que no los damos, estamos un poco en nuestros grupitos y no salimos de nuestro entorno, por lo menos es lo que yo percibo.



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