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Las flores como arma
Por
Miguel Ángel Aguilar Avilés
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El dinero me estaba
enterrando cada día en
mi miseria humana »
Este pintor, escapado a tiempo de un mundo empresarial que no era el suyo, habla y observa con la cercanía no del que defiende, sino del que comparte.
Su nombre es Carlos Sáez de Santa María.
El centro de formación y enseñanza de CCOO (FOREM) de Albacete
acogió los meses de junio y julio una muestra de su obra reciente en nuestra ciudad, unas calles que Carlos Sáez de Santa María volverá a pisar en un futuro cercano pues, tal y como nos asegura, quiere realizar un trabajo pictórico inspirándose -y habitando- en la albaceteña Sierra de
Alcaraz.
Entre sus próximos proyectos se encuentra la realización de libros
originales junto al poeta cubano Pablo Armando Fernández.
A este pintor le gusta hacer pocas concesiones a la apariencia y, con esa sinceridad, me ofrece un cigarrillo y empezamos a hablar.
Tener personalidad artística ¿es positivo o es un lastre?
R: Lo más importante para un artista es que cuando hagas una obra no haga falta acercarse al cuadro para que se sepa que es tuyo. Y esto pasa con gente como Joan Miró o Pablo Picasso o Jorge Oteiza.
La personalidad artística saca a relucir los símbolos más arcaicos que cada persona lleva dentro de
sí, y ese es un objetivo cuyo logro entraña una dificultad. Cuando consigues arrancar y descubrir esa iconografía propia, esos signos que son exclusivamente tuyos, ya tienes las herramientas, las palabras con las que poder hacer un verso, y con los versos un poema, haciendo un símil literario. Al final un cuadro tiene que ser un poema: pintado por signos, materias o abstracciones, pero que llegue a la gente.
Ese momento de encontrar tu vehículo particular de expresión significa que has llegado a conocerte en algo, y que así lo muestras.
Entre las flores de sus cuadros ¿Qué hay de compromiso social?
R: Los descubrimientos interiores son fascinantes, viajar dentro de uno mismo es apasionante. Lo maravilloso de esta profesión es que te permite saber
quién eres, que te descubres con lo que haces, y si no lo hicieras no llegarías a saberlo nunca.
Uno empieza a ser consciente de que el arte no es pintar flores bonitas por pintarlas, sino que es para llevar un mensaje, el fruto de unas experiencias.
La exposición que ha podido verse en Albacete tiene su parte de implicación y de compromiso social aunque, claro, yo no me lo planteé como Genovés: pintando manos con cadenas, que es algo que está muy visto.
Los cuadros derivaron en una serie de cuadros con flores: En uno de ellos pone “tu amor es mi libertad”, porque el amor de cualquier ser humano, y su respeto, son mi libertad. Una de las conclusiones de una crítica social es que el amor de los demás me permite ser libre, no ya por mí mismo solamente.
Otro cuadro es Flores para un jarrón imposible, que son unas flores en una pirámide, en donde, lógicamente, no encajaban: Es la pirámide del dinero, la política, la opresión y la guerra.
Para mí, esta pirámide y esta política en la que vivimos crea la esclavitud de los “hipotecados sociales”, que están hipotecados durante toda su vida para pagar un piso, por ejemplo. Luego están los desahuciados, los arrinconados, los enmascarados, los oprimidos y, como consecuencia de todo esto nace el movimiento de la solidaridad, que es un movimiento apolítico que permite que las personas nos unamos con el
fin de ser útiles y poder crear bienestar, ya sea hacia los niños del
Sahara o hacia cualquier dirección. Finalmente, como consecuencia de la solidaridad nace la esperanza, y de ahí es de donde nacieron las
Flores para un jarrón imposible y Sinfonía de las
flores. Las flores son mi vehículo de expresión, de crítica y de esperanza social.
No hace mucho tuve una exposición en Madrid, que era Pepelandia, con un cuadro sobre Aznar, sobre Esperanza Aguirre, los tránsfugas, etc. Creo que la política debería de dejarse de izquierdas y derechas y dedicarse a gestionar óptimamente los bienes que hay para que repercutan en el bienestar de todos.
¿Qué camino ha recorrido, desde que era un niño, el pintor con el que ahora hablo?
R: Yo tengo 49 años y nací cuando esto era una dictadura. Mis padres eran una gente muy trabajadora pero sin ningún tipo de cultura, y a mí no me dejaban dibujar, aunque yo tenía esta afición desde los cuatro o cinco años. Y al llegar al colegio tampoco te dejaban, te pegaban con la tapa del pupitre en la cabeza, te pegaban capones, etc. Y al cabo del tiempo ingreso en la carrera de arquitectura, en donde el primer año descubro que lo mío es la pintura, y así, con 20 años lo comunico en casa, en donde, desde entonces, se me daba exclusivamente de comer, pero ni se me saludaba y ni se daba ni un duro.
Yo entonces tenía que pagarme una academia para poder preparar mi entrada en la Escuela superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en donde el ingreso era durísimo (había compañeros que tardaban hasta nueve años en ingresar), de modo que lo costeaba fregando los suelos de la misma academia en la que me preparaba.
El gran error de mi vida es que a los 28 años me moría de hambre; A mí me regalaba mi madre una plaza de garaje en un sótano, un cartón de leche Pascual, dos bonobús para poder viajar en el autobús y un cartón de Winston, que luego yo revendía para comprar otro tabaco. Y tras un tiempo así mi padre logró enrolarme en el mundo empresarial, en donde trabajé brillantemente durante doce años, pero acabé que yo ya no sabía ni quién era. De modo que retomé mi camino, el de la pintura. Hasta hoy.
¿Qué consejo o sugerencia le haría a un chaval que empieza con la pintura?
R: Yo el consejo que doy es que no te traiciones nunca a ti mismo; yo me traicioné y perdí diez años muy importantes de mi vida que no me han valido para nada, excepto para montar brillantemente una empresa de construcción si quisiera, pero descubrí que el dinero no me llevaba a ningún sitio y que era un gran error, no me daba felicidad, sino que me estaba enterrando cada día en mi miseria humana.
Lo que yo le diría a una persona joven que tenga ilusión por dedicarse a la danza, a la música, a la escritura o a lo que sea, es que se dedique plenamente y que no se traicione jamás. Es preferible no tener dinero y ser feliz a tener cuatro duros en el bolsillo y ser una persona descontenta y que, como fue mi caso, puedas llegar a olvidar quién eres, y que la vida deje de tener sentido y no quieras seguir viviéndola.
Ante todo que sea fiel a sus creencias, da igual que quiera ser soldador, jardinero o que le apetezca barrer por las calles porque le encante hablar con la gente, si eso es lo que le gusta: Que lo haga.
¿Son grandes la diferencias entre un pintor ante su obra y un pintor ante las galerías y el comercio?
R: Sí, son dos aspectos completamente distintos.
Para mí hay dos tipos de reconocimiento en el mundo del arte que no tienen que ver, como bien has dicho, entre el artista y el comercio. Yo nunca me he llamado artista a mí mismo, ni siquiera al principio creía en ello ni en que mi obra tuviera una cierta calidad como para ser considerada tal.
El reconocimiento más válido para mí se produce cuando, por unanimidad, gente de la trascendencia de
Darío Villalba, Nacho Criado, Marta Cárdenas, Pepe Hernández o muchos otros te lo corroboran. Recuerdo como, además de su aprecio, Juan Genovés me
dio tres conceptos muy importantes: La libertad plástica, el compromiso y la implicación.
Ahora voy a colaborar con el poeta cubano Pablo Armando Fernández, con quien voy a hacer unos libros en papel de seda, de alta bibliofilia
[originales del pintor y textos manuscritos del poeta]. Cuando Pablo se fue de Madrid a La Habana sólo se llevó unos cuadros que le regalé. Me siento inmensamente feliz por el reconocimiento de los compañeros de profesión.
Y el otro reconocimiento es...
R: El triunfo es cuando te reconocen tu labor personas de elevada moral, sabias.
El otro reconocimiento es el de la sociedad: Los próximos lugares en los que voy a exponer son Finlandia,
Alemania, La Habana, quizás en París, en Dominica y en México. Y ya me está llegando el triunfo económico, pero eso no es triunfo.
Yo no soy un artista que pague ocho millones porque me hagan prensa, o por exponer en determinadas galerías o porque me saque TVE. Ese mundo, de intereses mediáticos y extra artísticos, da pie a que se creen los falsos mitos y los falsos valores que perjudican al verdadero artista que esta trabajando de corazón y sin engañar a nadie.
Todo eso da pie a que se vendan obras por los millones que sean y que, a los tres años, esas obras se han caído del mercado. Y eso no es recomendable.
¿Qué le parece el hecho de haber expuesto
en un centro de enseñanza, como es el FOREM de Albacete?
R: En el aula de formación hay mucha gente joven que me gustaría que viera que en la vida hay otras vías relacionadas con la sensibilidad y la vida sana, como pueda ser la pintura (entre tantas y tantas) hoy en donde lo más fácil para un chico joven es irse por los caminos de la droga, del alcohol y de las malas actitudes.
La exposición que allí presenté es un trabajo en el que me
exigió mucho, es una exposición muy compleja, de unos seis años de trabajo, que ha surgido después de compartir unos talleres con diversos pintores en Madrid.
Septiembre 2004 |