Oculto
dios
por Antonio
García Muñoz (co-editor
del libro)
La actividad de
El problema de Yorick no se limita a la publicación de la revista literaria cuyo último número dedicado a la literatura infantil se presentó recientemente. Hace algo más de un año los responsables de esta aventura editorial emprendieron una experiencia alternativa de publicar libros, con la intención de dar a conocer autores inéditos, sin más requisito que el de la calidad.
La aniquilación, de Antonio García Muñoz, inauguró esta colección y ahora se añade Oculto dios, un poemario de José Ramón-Blanco (Monterrubio de la Serena, Badajoz, 1955), autor que desde los primeros números ha estado vinculado, en calidad de colaborador y consejero, a esta revista albaceteña de creación literaria. Oculto dios aparece estos días en la calle.
Se trata del primer libro publicado por José Ramón-Blanco, con el que fue finalista del Premio de Poesía mística Fernando Rielo, y puede considerarse por tanto el pórtico a su obra posterior, aún inédita.
Sobre la piel del dios, El recinto invisible, y Exilio del
tiempo, escritas después de este título emblemático, confirman la unidad de una obra de rigurosa coherencia. El propio autor considera estos poemas que ahora ven la luz como una epifanía de lo que vino después, una suerte de aventura en torno a un dios que progresivamente va desvelando su rostro. En Oculto dios están las claves de una obra precisa, calculada, casi geométrica y esencial, indagadora de una divinidad que no se nombra pero que el autor va revelando con palabras exactas en sucesivos poemarios.
José-Ramón Blanco, es un poeta místico —algo inusual en el panorama poético español— y su poesía es una poesía de búsqueda y de negación. Búsqueda de un dios, negación de respuestas. Solo el verso alivia la ausencia del sentido y al final se alza como única respuesta: las propias palabras del poema. Como en los mejores poemas místicos, en la ambigüedad reside un misterio inabordable que abarca por igual a la divinidad y a la amada. Este libro, en la senda de los grandes místicos, es también un libro erótico. En versos pulidos, que renuncian a lo anecdótico para llegar al fondo de las cosas, se perciben ecos de la poesía del último Juan Ramón Jiménez
—poesía suficiente— pero también de José Ángel Valente, Octavio Paz o Jorge Luis Borges. Versos exactos, sustanciales, de un amoroso gusto por la palabra desusada, casi táctil, que revelan que su autor, también creador plástico, percibe el hecho poético como un arte aglutinador de todas las artes.
Enero
2004 |