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El
libro que palpita
por León
Molina Pantiga
Me
dispongo a escribir los comentarios que siguen después de
haber leído varias veces el libro de Isaló Gómez. Acaso el
texto podría ser sólo esta frase pues quizás no haya
mejor modo de invitar a la lectura de un libro, que es lo que yo
pretendo, que manifestando el impulso de relectura que ha sembrado
en nosotros. Pero digamos algo más para dar alguna pista a
posibles lectores y que, si se animan, lleguen a ser lectores de
hecho y, seguramente, relectores.
Peces
de carne y hueso es un libro que palpita, que está vivo. La
vida del libro se manifiesta en un continuo bombeo de sinceridad.
Si se me permite diría que es un libro lleno de soul. El
sentimiento es el barro con el que se moldean estas canciones.
Pero son sentimientos de verdad, sentimientos sentidos,
no los vacíos arquetipos que desmoronan con tanta
frecuencia los intentos de los poco avisados. Se entiende por este
libro que su autora no carece de esos avisos, que posee un bagaje
de lecturas y de comprensión del hecho poético, lo
suficientemente amplio además para que ese ancho caudal esté
presente sin que se le vean las orejas. Pero ahí están. No se
puede escribir esos poemas sin haber leído y amado a los poetas,
a todos los buenos poetas, porque en este libro hay un gran
eclecticismo y ecos ponderados de muchas voces. Los clásicos – Dame
a probar la miel, pastor,/y guarda para ti los aguijones, los
románticos – Alguna lengua habrá / en la que suene perfecto
mi poema / redondo,-, el simbolismo – qué tienes en
mente cuando acechas / y la noche prefiere acomodarse / en un
rincón del baño, / como una fiera atenta que apuesta con su
víctima -, el surrealismo – Habla tu lengua / entre
lunas de hueso / y las
profundidades-, la poesía española del siglo veinte – Azul
oscuro es el reflejo de la noche / sobre la almohada. / Hay un
bulto a mi lado, y eres tú, / profundamente azul, muerto y
dormido. / Precioso, mío, acurrucado./ Tu gemido es azul y
vulnerable. - ... y hasta una mal disimulada presencia de
realismo sucio – lee a Racine / desayuna criadillas oyendo a
los Sex Pistols / (tan mala suerte tiene con los hombres) /
apedrea cristales / amenaza con mate en cuatro movimientos /
vomita en las esquinas / y se chuta caballo del peor -. Pero
todo al servicio de la verdad poética, del no engaño.
Algo que me produce una tierna atracción por este libro es
que “no va de nada”, es el rastro de una poeta que camina por
la vida amando y por tanto abrazándose por igual a la gloria y
la desesperación, con cierta fuerza desaforada, que en la
escritura tan sólo el buen criterio literario apenas
sujeta en aras de la contención que separa el hecho artístico
de la mera biografía. O dicho finalmente de otro modo, el
oficio consigue que las emociones de la poeta nos emocionen, que
es la diferencia entre las poesías a mi Maripuri y los verdaderos
poemas. Cosa además digna de señalar siendo este el primer libro
de la autora. A lo que se ve, Isaló ha tenido el tino de esperar
el momento preciso de su voz, publicando esta ópera prima a
los no adolescentes 37 años. Muchos, ay, ya no podremos
emularla.
He
visto en las líneas leídas a una amante insomne que
con melancolía, con dolor e inteligencia se despide de su amante
cuando aún duerme en la cama junto a ella, a una fiera entregada
a un amor a zarpazos y a la más
dulce amante que no guarda ternura ni para ella misma
cuando el amor se haya ido. He visto a una niña rota que
añora a la madre en brazos de su amante. Y he visto a una mujer
ensalzando la vida desde sus derrotas; cantando
un ritmo lento de soul.
El libro termina así: sabed / que mis labios cosidos no
se callan / que una flecha ponzoñosa clavada en la pupila / no
impide la visión de lo importante / que el espejo aún se
empaña / sabed / que no estoy muerta.
Ya
lo dije, un libro vivo, un libro lleno de vida.
Febrero
2005 |