Título: EL FOTÓGRAFO QUE HACÍA BELENES

Autor: Eloy M. Cebrián

Género: Novela (365 pag. / año 2005 marzo)

Sinopsis: Navidad de 1999. El mundo se prepara para el fin del milenio. Como un anticipo de catástrofes venideras, una ola de macabros crímenes sacude la ciudad. Pero esto no inquieta al solitario protagonista de esta historia, a quien encontramos dando los últimos toques a su belén. Lo que nuestro fotógrafo ignora es que está a punto de embarcarse en la más extraña e hilarante de las aventuras. En su particular descenso a los infiernos le servirá de guía el inspector Facundo Moya, un policía fascista y brutal que, sin embargo, es tal vez el único héroe en un mundo de canallas.
El fotógrafo que hacía belenes, VII Premio de Novela Francisco Umbral, no trata sobre fotografía ni sobre belenes. Es más bien un relato sobre la mala vida, habitado por personajes menesterosos, violentos, sádicos y marginales, pero a la vez entrañables, instalados en el submundo de la provincia, esa provincia rancia y un poco cutre que aún pervive de forma residual en algunos rincones de nuestra geografía. Una trama desquiciada y trepidante que nos arrastra de una página a otra entre sorpresa y jolgorio hasta que, sin respiro, agotamos la lectura de un tirón

Editor: Zócalo Editorial   Precio: 10 €

Distribución: Albacete (Librerías Herso, Popular, Sarranz y otras)

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El fotógrafo que hacía belenes
  
por Ewina 

Considero entre las mejores apreciaciones que se puede hacer de una novela decir que se lee del tirón. Esto me ha ocurrido con la de Eloy. Ayer por la tarde, viernes, sobre las ocho y media o quizá poco más tarde, abrí el ejemplar que recibí de mi librero de guardia (disponible en Popular, Herso y Sarranz).

Antes de empezar un libro, acostumbro a buscar indicios en la cubierta. Con el de Eloy me detuve en la pistola que aplasta (más con su presencia que con el posible peso) las diez fotografías de la portada. A modo de nexos desperdigados, ocho balas subordinadas al resto de la composición. Todo ello sobre un fondo azul color tormenta. Entiendo la portada como metáfora visual, anticipando el peso que la presencia del inspector Moya tendrá sobre la vida sepia del fotógrafo.

La de Eloy es una novela que combina tragicomedia con sadomasoquismo, belenes y beatas con prostitución y burdeles de baratillo, personalidades resecas como nuestra llanura con momentos de emotiva bondad humana entre vidas de cubo de basura. Aunque tal vez no de este modo ni en este orden.

Dos ritmos muy bien medidos te impulsan a la siguiente hoja, y a la otra, y de ahí a la siguiente… el de la trama y el de la voz narradora que, en ocasiones, recuerda el movimiento de las manecillas de un reloj cuando se pone en hora: un poco adelante, un poco atrás, en torno al momento preciso donde detenernos. Así te llevan la voz del autor y de los personajes entre los hechos. Sucesos que no debes esforzarte en ver; basta con abrir un poco el ojo. El simple hecho de mirar, a pesar de un vertiginoso ritmo lector, te permite habitar el espacio descrito. Olerás el incienso que trae pegado a la ropa el canónigo de la catedral de Sigüenza, el ambiente cargado de los burdeles o el olor de la piel de Gladis. Notarás el áspero sabor del tabaco negro, el oleico de las sardinas o el dulzón de la sangre reciente. Una novela con ásperos paisajes humanos, olores diversos y sabores de intensidad variable.

Entre las hojas bisiestas de El fotógrafo que hacía belenes, habitan personajes singulares, peculiares y, sin embargo, cálidos y cercanos. Tan próximos como un aliento sobre el oído que en ocasiones llegarás a sentir. Bien por Eloy, bien por sus personajes (y recomiendo en este punto la doble lectura de la palabra "bien"; como fuente del aliento mencionado y como afirmación satisfecha). Personajes cerca de lo maldito (por ser benevolentes), cada uno con su cruz y milagro. Milagro que, si bien les evita la situación de perdedores, no los salva de la condición de derrotados.

No podemos considerar personajes sólo a los explícitos. Las atmósferas, los espacios urbanos reconocibles, los objetos y características de los protagonistas, sus pensamientos y expresiones, parecen querer voz propia independiente. El hilo narrador, en definitiva, con sus peripecias, tragedias y carcajadas, toma cuerpo entre las páginas y, lejos de justificar los sucesos o llevar de la mano entre ellos a los personajes, parece empujarlos con mesura hacia ese paso adelante que nos trasporta entre un suceso y el siguiente o anterior. La voz del autor abrazada a las venturas o desdichas de sus criaturas. Inspector Facundo Moya (curtido en mil andanzas, de mano fácil y actitud cruda; te sorprenderá y hará reír, aún entre sollozos), Gladys (la mujer moldeada por el fotógrafo con la materia de sus fantasías, las circunstancias del momento y los retazos del pasado de ella), el fotógrafo (un hombre sepia como sus fotos, atrapado entre las derrotas pasadas y las venideras, susceptible de victorias progresivas determinantes para su vida presente y futura), el canónigo de Sigüenza, un misterioso profesor, dos motoristas argentinos rebozados en cuero negro, bellas mujeres expertas en las más variadas artes de gozo o suplicio, una beata con momentos de éxtasis, fotografías de niños muertos en brazos de sus padres, perversión, sexo, amor, intriga… ¿Cómo hacer de todo ello una novela arriesgada, interesante, divertida? Con el criterio lúcido y el lenguaje certero que Eloy desarrolla en su novela El fotógrafo que hacía belenes.

Es complicado encontrar puntos débiles en la novela de Eloy. Habrá quien opine que un inspector de policía, una prostituta y un personaje sepia –el fotógrafo- constituyen una tríada de protagonistas si no habituales al menos ya tratados. Sin embargo Eloy supera este escollo haciendo de ellos particulares con singularidades propias y, al tiempo, reconocibles, lo que les otorga cercanía. Habrá quien opine que la sucesión de hechos presente en la novela constituye un cúmulo de azares cuya estructura pudiera tener mayor solidez y, sin embargo, la trama delirante, este realismo hiperbólico de ciénaga urbana que sorprende a la vuelta de cada página transformada en esquina de calles de barrio, esta sinrazón de hechos, digo, supone uno de los principales atractivos de la novela. Habrá también quien opine que ciertas soluciones en el último tramo de la novela poseen algo de recurso forzado o inconexo cuando, en realidad, concuerdan con la atmósfera de delirio que envuelve a los personajes, una atmósfera que refleja un mal sueño, una pesadilla en la que sus protagonistas escapan constantemente por los pelos asistidos por esas fuerzas del azar que, como dijimos antes, les evita la situación de perdedores pero no los salva de la condición de derrotados.

Anoche, pasadas las dos y media, dejé pendientes las últimas sesenta y tres páginas. Hoy me las he desayunado con café y tostada de tomate.

Abril 2005


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   Nombre Antonio García Muñoz       E-mail yoko@ono.com        Fecha 10-03-2005
He sido un privilegiado lector de esta novela, desde sus orígenes, y puedo garantizar que proporcionará al curioso lector unas horas plenas de diversión y carcajadas. Los aburridos y políticamente correctos, eso sí, deberán abstenerse de su lectura. Y los batalladores contra esa lacra de nueva censura encubierta están de enhorabuena. Esta es su novela.
   Nombre Mensana       E-mail mensana@incorporeinsepulto.com        Fecha 04-04-2005
He leído este libro un poco por casualidad. El sábado por la mañana me pasé por la Popular para echarle un vistazo a las novedades y oí que uno de los dependientes le hablaba muy bien de la novela a un cliente. Yo tenía catalogado a Cebrián como un escritor de novelas juveniles, libros de éstos que se les mandan leer a los chavales en los institutos, todo muy masticadito, muy pedagógico y tal. Por eso, cuando el sábado por la tarde abrí "El fotógrafo que hacía belenes" y me puse a leer, la verdad es que no daba crédito. No sabría muy bien cómo definirlo. En apariencia es una novela policíaca, pero bajo esa denominación hay mucho más, una transgresión constante de géneros y estilos de escritura. Hay también narrativa erótica, humor delirante a lo Tom Sharpe, novela psicológica, pasajes líricos muy del estilo de Umbral (precisamente), crítica social, incluso unas gotas de novela de terror. Es como si fuera muchos libros en uno. Se trata sin duda un libro de contrastes, con unos cambios de ritmo increíbles. A veces trepidante, a veces pausado. Desternillante, pero también amargo. Compasivo, pero a menudo brutal. Sólo puedo decir que no interrumpí la lectura nada más que comerme la cena de dos bocados, y que terminé la última página a eso de las 4 de la mañana, con el deseo de que se escribieran más libros como éste.
   Nombre Roxana        E-mail rox@ana.com         Fecha  07-04-2005
A mí me parece que está novela está bien escrita y es muy divertida. Lo que me desconcierta un poco es el lugar donde se desarrollan los hechos, esa ciudad que a veces parece Albacete y otras no, o bien parece el Albacete de otras épocas en vez de la ciudad como era en las Navidades de 1999, que es el momento en el que se desarrolla la historia. No sé muy bien por qué el autor lo ha hecho así. Si quería que la historia se desarrollara en Albacete, ¿no habría sido preferible que lo dejara más claro?
Hay otra cosa que no me acaba de convencer, y es que no estoy segura de que fuera necesario incluir tanto sexo y tanta violencia. En algunos momentos el libro me parecía tan fuerte que me costaba trabajo seguir leyendo. Por ejemplo, cuando encuentran ese cadáver en la Fiesta del Árbol (ahí sí está claro que es Albacete), la descripción que se hace estuvo a punto de hacerme vomitar. ¿De verdad era necesaria esa crudeza?
Hay otra cosa que quiero decir sobre el comentario de Mensana, cuando dice que las novelas juveniles de Eloy M. Cebrián son libros pedagógicos muy masticados o muy simples o algo así. A mí me parece sencillamente que no las ha leído, porque si no no diría eso, particularmente sobre "Bajo la fría luz de octubre", un libro que tuvimos ocasión de leer en club de lectura y de comentar con el autor. Nos pareció a todas un libro precioso, muy emocionante y muy profundo, y nada de masticadito. Es una historia muy dura, aunque de una dureza distinta de la de esta última novela, con mucha más sensibilidad.
De todos modos, "El fotógrafo" me sigue pareciendo una buena novela, aunque a lo mejor más apropiada para lectores con una sensibilidad distinta de la mía, y creo que Eloy M. Cebrián aún tiene muchas cosas que decir. Da gusto tener escritores de esta calidad viviendo y trabajando en Albacete. Y además escribiendo sobre Albacete, aunque se juegue un poco al despiste en este sentido.
En fin, esa es mi opinión. Gracias por permitirme expresarla.
   Nombre José Ramón Hernández        E-mail  noemail@ono.com         Fecha 09-04-2005
En términos generales, estoy de acuerdo con casi todo lo que se ha dicho hasta ahora sobre esta novela, particularmente con el comentario de Ewina. En un sentido totalmente extraliterario, tengo que reconocer que para mí también ha sido una sorpresa. Coincidí con el autor hace unos años en unas jornadas para profesores y lo tenía por un tipo muy serio. Al leer este libro he descubierto, sin embargo, que se trata de un cachondo mental (dicho sea con todos mis respetos), y creo que eso está muy bien. 

Pero volviendo al libro, diré que me ha parecido muy ágil, muy entretenido y muy bien escrito. No se trata solamente de un libro de humor disfrazado de novela policíaca. Además, posee una carga crítica y satírica de alto voltaje. Y en numerosos momentos de la historia de humor nada, pues lo que nos encontramos es una amarga reflexión sobre la soledad, la marginación y las vidas marcadas por el infortunio. 

Sorprende la calidad de su lenguaje literario. Cuando uno lleva ya unos cuantos lustros como lector, le resulta sencillo reconocer al escritor de verdad del mero aficionado. En el libro de Eloy Cebrián el escritor asoma (y muchas veces brilla) en cada página. Tal vez haya algunos momentos en que todavía se le vea un poquito verde (alguna frase hecha que otra, algún chiste un poco demasiado fácil, alguna metáfora o adjetivación previsibles). Pero esas son las excepciones. Porque lo que más abundan son pasajes bien construidos, sólidos diálogos y una prosa madura, expresiva y elegante. Son impresionantes algunas de las descripciones de lugares y de personajes, como por ejemplo el retrato del inspector Moya, un tipo tan entrañable como execrable, sin duda el personaje más logrado de la novela.

Con la estructura no se complica mucho la vida, y ciertamente (como Ewina señala muy bien) algunos de los acontecimientos parecen un poco arbitrarios y siguen una lógica algo demencial. Pero me imagino que eso está buscado a propósito, porque lo cierto es que los personajes se ven envueltos paulatinamente en un torbellino de caos hasta alcanzar el delirante final de la historia. Es como una pesadilla o un descenso a los infiernos. A partir de una situación que parece casi de novela costumbrista, el autor va introduciendo elementos de ficción cada vez más grotescos hasta que el lector se ve envuelto en la misma sinrazón que los personajes de la novela. Yo creo que este es el motivo por el que resulta tan difícil abandonar el libro. En algunos momentos querríamos dejar la lectura, pero la pesadilla es tan morbosa y tan divertida a la vez que siempre queremos saber lo que va a pasar a continuación. 

Para que no todo sean alabanzas, diré que no me ha gustado demasiado el final de la novela. Y me refiero a las tres o cuatro últimas páginas y no a la demencial parte final, que es una de las cosas más divertidas del libro. No quiero reventarle a nadie el desenlace, pero yo habría preferido un final más amargo, un final en tragedia, a tono con la desdicha que parece perseguir al protagonista. Si yo fuera el autor, publicaría este libro con un final alternativo e identificaría las dos versiones en la portada (versión con final feliz, versión con final trágico). Así, cada lector podría elegir el más acorde con su visión del mundo. En fin, no hace falta que aclare que esto es una coña. 

¿Y qué más puedo decir? Pues que han sido unas horas de grata lectura y que "El fotógrafo" dista de ser un libro de usar y tirar. Por el contrario, uno llega a cobrarle afecto a sus personajes y a sufrir con sus tribulaciones. En suma, un libro de los que no se olvidan fácilmente. 

Saludos.

   Nombre  Alfonso        E-mail  xx@dd.es         Fecha 11-04-2005
Podría decir que me ha gustado este libro, aunque en algunos momentos se me ha hecho un poco cuesta arriba. Me ha parecido que el estilo es un poco rebuscado y que el autor le da demasiadas vueltas a las cosas. Aunque también hay escenas de acción que están muy bien. Y también unas escenas de sexo muy bien descritas. Personalmente, me gustaron más las novelas de Bucéfalo. Eran muy ágiles y muy divertidas. Por cierto. He oído decir que se van a volver a publicar. ¿Alguien sabe algo de eso?
   Nombre saBle        E-mail  ftabuerca@ono.com         Fecha 14-04-2005
A lo largo de la vida, uno se va haciendo, entre otras cosas, lector selectivo y pretende no ser engañado por quien le asegura que le va a hacer pasar un buen rato. Con ese ánimo compré y empecé a leer la "novela" de E. Cebrián, especialmente después de leer los comentarios que en esta página se presentan. ¿De verdad hay alguien, aparte el autor, que haya aguantado hasta el final leyendo? ¿Es cierto que alguien la ha podido leer de un tirón? No sólo, como dice alguien que comenta la "novela" antes que yo, algunos adjetivos y metáforas son previsibles: es que son pobres y sin brillo ninguno (eso sí, he podido ver que los aspectos más escabrosos de la vida los describe con un detallismo que ni Zola). No creo que haga falta que diga que he dejado la novela con apenas 80 páginas leídas y que a nadie voy a poder amargar a nadie contándole el final: el propio autor, y su ridículo personaje, ya se encargan de amargar la novela de principio a fin. Una pena.
   Nombre David Jareño        E-mail  davidjareno@onoquitaesta.com         Fecha 15-04-2005
Ni conozco a Cebrián, ni he leído su "novela", ni tengo intención de hacerlo, al menos de momento. Y mis motivos para escribir no son literarios, sino una simple cuestión de ética. En mi opinión, resulta impresentable que esta web publique cuanto comentario le llega de forma anónima, negándole a los autores la satisfacción elemental de partirle la cara al remitente. No parece sino que los responsables de esta web "literaria" deseen emular esos engendros televisivos protagonizados por los hermanos Matamoros, poniendo el acento en el insulto y el escándalo que pueda generarse, como un modo de atraer notoriedad. Muy poco respeto me inspira una web que se autodenomina "literaria" y que, sin embargo, participa de algunas de las actitudes más burdas de esta burda sociedad en la que vivimos. Y no me sirve que invoquen la libertad de expresión. Ningún medio de comunicación responsable permite que sus páginas se usen al estilo "kale borroka", tirando la piedra y escondiendo la mano. Me llamo David Jareño y soy de La Roda.
   Nombre bOriSvIaN        E-mail  boris@bia.n         Fecha 18-04-2005
He leído este fin de semana "El fotógrafo que hacía belenes" y quería hacer algunas puntualizaciones sobre el comentario de Sable. Tengo mis dudas de si este señor y yo hemos leído el mismo libro. O puede que él lo haya leído esas 80 páginas (que. sin embargo, ya le permiten crucificar una novela de 366 de una forma tan injusta como salvaje) bajo los efectos de una crisis hemorroidal. Por mi parte, tengo que decir que el libro me ha parecido estupendamente bien escrito. En cuanto a lo de que los personajes son ridículos, pues según se entienda. Se trata de una sátira, con regusto amargo pero sátira al fin y al cabo, y se usa con frecuencia la caricatura y el retrato humorístico. Hay muchos personajes ridículos en la historia, pero son ridículos de forma voluntaria, pues el autor los caracteriza de ese modo para escarnecer los tipos sociales que representan. Pero nada hay ridículo en los dos protagonistas. No tengo nada en común ni con el fotógrafo ni con el inspector. Sin embargo, he llegado a identificarme con ellos y a vivir sus aventuras como si me estuvieran ocurriendo a mí. Yo creo que eso sólo lo consigue un escritor muy hábil. Y no me cabe duda de que Eloy M. Cebrián lo es.
En otro orden de cosas, quisiera responderle a David Jareño diciendo que aplaudo la decisión de los responsables de esta web de no aplicar ninguna censura sobre los comentarios que reciben. Creo que eso les honra y que representa una actitud muy loable, por lo honesta y por lo infrecuente. Si Albaceteliterario.com practicara la censura, jamás habría publicado el comentario de David Jareño, para empezar, por lo insultante y malintencionado. De modo que este corresponsal rodense debería darse con un canto en los dientes. Espero que Miguel Ángel y Aswad sigan en la misma línea, y envío este mensaje de forma anónima porque sí, porque estoy en mi derecho y porque me sale de los cojones. ¡¡¡Abajo los censores y los inquisidores!!!
   Nombre Evaristo        E-mail  evarsq@hotmail.com         Fecha 10-05-2005

Yo no entiendo nada. Ahora resulta que uno lee la crítica y todas son cojonudas, excepto la del colega Boris Vian. ¿Es que todos los demás están cortados con el mismo patrón? ¿Es que los lectores de la novela son casi todos robots catatónicos, que dicen y hacen lo mismo? Porque a mí la novela me parece bien, pero sin pasarse. Porque eso de a uno se la chupen constantemente debe ser guay, pero ¿no hay demasiada mamada en la novela? [ Aquí se ha eliminado una frase de este comentario por expresa petición de Eloy M. Cebrián, quien ha manifestado su ánimo de querellarse contra este medio por la misma. Albaceteliterario.com considera que la frase eliminada no vulnera el honor ni la imagen de nadie y está dispuesto a publicarla siempre y cuando el autor "Evaristo" se ponga en contacto con nosotros y se haga responsable de su texto, facilitándonos sus datos y sabiendo que Albaceteliterario.com se compromete a la total confidencialidad y secreto de los mismos. Permanecemos a la espera de contacto por parte del autor de este comentario para poder publicarlo íntegramente, tal y como se merece ] Eso de que le lean a uno a Borges mientras una piba te la lame como una perra en celo... Yo no entiendo nada, sólo sexo barato para encandilar a los pardillos que no han salido del caca, pedo, culo, pis, y que encima jode bien el desarrollo de la novela, por exceso; porque el resto (y si hubiera dosificado algo más el sexo) es una buena novela.

   Nombre Fernando        E-mail  fernandojll@hotmail.com         Fecha 11-05-2005

me parece cuando menos insólito lo que leo arriba. hasta ahora se eliminaban artículos o fragmentos cuando así lo exigía el autor de dichos textos -vease el de la feminista-. ¿Ahora se quitan porque lo exige el autor criticado? En ese caso, habría que eliminar todas las críticas negativas por imperativo del que ha sido objeto del denuesto. si los responsables de la página no ven en ese trozo escamoteado una agresión o injuria personal, como dicen, ¿por qué no lo han mantenido? ¿no poneis como bandera lo de la libertad de expresión? ¿una amenaza de querella, seguramente infundada, os hace volveros atrás? al final, se conseguirá lo de siempre, la mordaza, aunque uno escriba desde el anonimato.

   Nombre Luis Martínez-Falero        E-mail    ----         Fecha 12-05-2005

Por primera vez (y no sé si por última) comparezco en este chat. Y no es para criticar o comentar la novela de Eloy (eso ya lo hice el día de la presentación, con luz, taquígrafos y dando la cara, con mi nombre y mis apellidos, y no bajo un pseudónimo, nick o máscara. Escribo estas líneas en defensa de un amigo y de un gran novelista, quizá el único gran novelista que ha dado Albacete: Eloy Cebrián.
¿Cuál es el límite? Porque no se trata de una crítica buena o mala, a lo que estamos sujetos todos los que escribimos y publicamos. Uno puede pensar que la obra del otro es buena, magnífica, deplorable, vomitiva, soporífera... Pero otra cosa son los comentarios personales donde se deja entrever la calumnia o se calumnia directamente. Y ahí está el límite: en el derecho constitucional a la intimidad, AL HONOR y a LA PROPIA IMAGEN. Esto es una página literaria ( o lo era o lo ha sido), donde se debería hablar sólo de lo literario, pero no dejar el más mínimo resquicio a la calumnia gratuita, al insulto, a la vejación, a la carnaza más asquerosa, y que define a las claras a quien la profiere. Y menos aún escudándose en el anonimato, en un ejercicio de la cobardía más abyecta. Porque no se insulta a Eloy: se insulta al sentido común, y, por el contenido suprimido (del que he tenido noticia resumida), también se vulneran las leyes de este país. Y eso ya no es crítica, es -simplemente- un delito. 
Por cierto, ¿quién ha dado a Albacete Literario permiso verbal o escrito para reproducir textos míos? Creo que, aparte del derecho al honor, también existen leyes sobre la propiedad intelectual, es decir, los derechos del autor sobre su propia obra, y creo haberle dejado claro al señor Aguilar lo concerniente a textos míos en esta web... 

   Nombre Luis Martínez-Falero        E-mail    ----         Fecha 12-05-2005

Ah! se me olvidaba: algunos datos que aparecen en mi curriculum son erróneos. Ya no soy profesor en el "Bachiller Sabuco". Actualmente enseño Teoría de la Literatura en la Universidad Complutense de Madrid. En cuanto al artículo que se reproduce, ha perdido ya sentido, por cuanto se redactó ante la polémica con el PP sobre la Biblioteca de los Depósitos de Sol. Porque, además, para mi salud mental y la del PSOE, dejé de ser Secretario de Cultura en Julio de 2004, tras perder la opción renovadora en Albacete por 17 votos. Es más, ni siquiera estoy afiliado al PSOE... En lo referente al poema, tampoco tiene razón de estar ahí. Es un poema de desecho de un libro en preparación. Si sólo ha sido bueno para estar en la papelera (de ahí se lo apropió otra persona antes) creo que no debe resultar muy representativo de mi poesía...

   Nombre Gatopardo        E-mail    gatopardoblog@gmail.com         Fecha 12-05-2005

Creo que al tachar la frase que consideraba injuriosa el autor, Albacete Liteario ha dado satisfacción a todos los que se hayan sentido afectados; y sería bueno que creyeramos en la leal y honesta actitud de sus responsables, sin susceptibilidades exageradas. 
Si el anónimo comunicante desea reivindicar su innegable derecho a la libertad de expresión debería facilitar su identidad a Albacete literario para que, en caso de que haya consecuencias penales, haga frente él y no los editores, que están haciendo una labor ingrata y poco reconocida e impagable. 
Un abrazo.

   Nombre Luis E. Cauqui        E-mail    escribanocauqui@hotmail.com         Fecha 12-05-2005

Sinceramente creo que esto se está yendo un poco de madre. Lo primero que pretendo dejar claro es que el asunto de los mensajes, digámoslo para resumir, "a mala leche" (porque eso de que vulneran el derecho al honor y a la propia imagen tendrá que decirlo en todo caso un juez) que aparecen de vez en cuando en los comentarios a artículos y críticas, es el centro de un debate que preocupa a los gestores de esta web desde hace tiempo. Yo tengo mi propia opinión al respecto, que quizá coincida en algunos momentos con la de otros escritores que se han pronunciado un poco más arriba (con las palabras o con los hechos), pero desde luego nunca recurriría a la amenaza y la extorsión para imponer mi criterio. Resulta siniestro que alguien que mantenga un trato personal con Miguel Ángel pueda llegar al extremo de amenazarle con una querella. Y los que conocen a Miguel Ángel entenderán perfectamente lo que digo.
También pienso que cuando se alcanza cualquier tipo de notoriedad, por pequeña que sea, uno tiene que estar dispuesto a que le pasen estas cosas (anónimos, críticas destructivas, burlas en medios públicos...), y lo mejor es desarrollar cierta cachaza y pasar del tema, porque es incontrolable y directamente proporcional a la fama. Y si resulta que alguien no lo puede soportar, quizá debería abandonar el plano público y sumirse en las nieblas del anonimato y la vida tranquila. 
De todas formas, tengo claro que cuando alguien escribe un mensaje evidentemente ofensivo, personal y violento, o sea deleznable, incluso aunque lo haga bajo pseudónimo, se está haciendo mucho más daño a sí mismo que el que pueda hacer a la persona a la que va dirigido. 
Por último quiero insistir en que la iniciativa de Albacete Literario, que protagonizan Miguel Ángel Aguilar y Aswad González, es totalmente altruista. Ninguno de ellos gana un duro con esto, más bien pierden dinero. Ni siquiera tiene algún tipo de dimensión político-cultural, que justificara una crítica por intereses oscuros desde la dirección de esta web. 
Y precisamente por eso, los que les conocemos personalmente (casi todos los que solemos estar implicados en los "follones") o estamos relacionados con la literatura de Albacete de una u otra forma, deberíamos tratar de ayudar en vez de tirar piedras, acercarnos con generosidad en vez de con amenazas, concederles, en fin, la presunción de inocencia en las cosas que pasan. Porque que yo sepa, y algo sé, en esta web no se siguen políticas personalistas, sino que se intenta tratar igual a todo el mundo y seguir unos criterios generales (equivocados o no, ese es otro debate) que se aplican por igual en todas las situaciones. Y esa igualdad de trato ya es un valor muy importante, que por lo visto nadie considera ni tiene cuenta.

   Nombre   Mariano Guillén        E-mail    ----         Fecha 12-05-2005

Señor Martínez Falero, los textos a los que se refiere y que albaceteliterario reproduce han sido previamente publicados por otros medios, están transcritos fielmente y se citan el autor y el medio en el que aparecieron por primera vez, no entiendo pues dónde se está vulnerando su derecho de propiedad intelectual, si es que usted puede ejercerlo en este caso. Me parece mejor opción que solicite a Miguel Ángel que los retire porque usted así lo desea a que invoque las leyes de propiedad intelectual como argumento. 
En cuanto a los supuestos delitos de injurias que siempre según usted pueden estar cometiéndose en esta web, le ruego permita a los tribunales dirimir esta cuestión si es que tiene alguna duda al respecto. La presunción de inocencia está también constitucionalmente consagrada y la imputación pública y por escrito de delitos a otras personas es una conducta que puede entrar en un tipo penal determinado. 
En todo caso, no creo que seamos nosotros las personas adecuadas ni esta página el foro idóneo para iniciar un debate sobre Derecho Penal o sobre Derechos Fundamentales y Libertades Públicas. Me gustaría pues llamar a la calma a todas las personas que han terciado en esta polémica. Las amenazas, las injurias, la extorsión son delitos, las conductas que están penadas bajo sus tipos están perfectamente determinadas por las leyes y las personas encargadas de juzgar si una conducta entra en esos tipos también, de manera que mejor sería dedicarnos nosotros a hablar de literatura y dejar de dar pávulo a acciones chabacanas y de mal gusto (cosas que por el momento no constituyen infracción, siquiera administrativa) como la del personaje que se mete con Eloy, que no sé si será un delincuente, pero desde luego es un indeseable.

   Nombre   Mariano Guillén        E-mail    ----         Fecha 12-05-2005

Supongo que queda claro, pero como las susceptibilidades están a flor de piel, me gustaría explicar por si mi anterior texto dejara lugar a dudas, que el indeseable es el personaje que se mete con Eloy y en ningún caso Eloy, a quien no conozco personalmente y tiene todo mi respeto.

   Nombre   León        E-mail    x         Fecha 12-05-2005

¡Qué pena!.Creo que esto no tiene remedio. Albaceteliterario está "tomado" por una panda de "indeseables" como dice Cauqui. A muchos nos ha gustado siempre esta iniciativa. Yo he participado de vez en cuando con ánimo constructivo, pero conozco a muchas personas que podrían aportar mucho y de mucho interés que hace tiempo desistieron por el tono general ínfimo y barriobajero a veces que tiene la página. Y confieso y os comunico a todos los otros que mereceis mucho la pena que me rindo. Mientras esto no cambie, no volveré a participar. 
Invito a Miguel Angel y Aswad a considerar la conveniencia de mantener su política de publicar todo sin ningún control. ¿Engrandecemos la libertad, por ejemplo, permitiendo a alguien que diga que un autor necesita que le chupen la polla?, ¿Qué tiene esto que ver con la literatura?. La realidad resultante es que, bajo el anonimato se escudan impresentables que entran aquí a hacer el gilipollas sin aportar nada y que la gente de interés (con lecturas, buena escritura, bagaje en general, talento, buen talante, etc.) entra, mira y se va. ¿Os habeis preguntado por qué muchas personas que respetais, e incluso admirais no entran en vuestra página?, ¿es preferible que acupen su sitio los dscerebrados?. ¿Estais dispuestos a permitir en virtud de un determinado concepto de libertad que vuestra encomiable iniciativa se convierta en el Tómbola de las letras de Albacete?.En fín, vosotros mismos. 
Ese imbécil ha conseguido, por ejemplo, que se enemisten Miguel Angel Aguilar y Eloy Cebrián, dos buenas personas a las que además considero mis amigos. El imbécil estará en su casa riéndose de los destrozos causados.
 Agradezco profundamente a Miguel Angel y a Aswad la iniciativa de albaceteliterario, su buena intención, su amabilidad al publicar lo que en ocasiones les he enviado. El León amigo les espera para tomar cervezas y charlar gratamente como siempre. Pero el León participante en el sitio les envía con tristeza a ellos y los demás un abrazo y un ¡hasta siempre!

   Nombre   Aswad        E-mail    laviejaaswad@hotmail.com         Fecha 13-05-2005

Querido León:
Siento mucho tu decepción con esta página web. Nos castigas con tu ausencia, aunque ni Miguel Ángel ni yo somos culpables de la existencia de los indeseables, ni de sus comentarios vacuos. Nos castigas, añadiendo presión en el peor momento, y expones tu castigo al público, y no en privado, en una "zona caliente" y muy de actualidad, con cierta carencia de elegancia.
Te respeto y te admiro como amigo, como pensador, como escritor y como hombre, y te ofrezco mi amistad, ya ves, sin ponerte condiciones, igual que hemos siempre recibido y publicado tus escritos y tus colaboraciones, aunque tú sin embargo tengas tantas para nosotros.
Yo no voy a pedirte que te quedes. Estar con los amigos en los momentos difíciles, si se tiene que pedir, mala cosa. 
Y no te pido que te quedes porque comprendo que el riesgo de recibir un insulto te parezca una promesa de futuro algo desagradable. Qué lástima que valores más un insulto que diez críticas constructivas, y hagas más caso del imbécil que del que sólo entra a opinar, sin malas intenciones. Por suerte en esta página tenemos de todo, pero son mayoría las personas con sentido común, aunque también tenemos imbéciles. Cada cual escuche a quien prefiera escuchar. 
Siento, de todo corazón, no poder ofrecerte esa página que sueñas. Seguramente si un día creas una página literaria con derecho a censura, yo entraré en ella, aún sin estar de acuerdo con tus reglas, porque exijo mi derecho a escuchar los insultos que tengan para mí los imbéciles, y exijo mi derecho a la réplica cuando la considere oportuna, en vez de sospechar que se me insulta por la espalda cuando termina la reunión, cuando ya no me puedo defender. Tú crees que eliminando el comentario insultante, eliminas el insulto. Y yo te aseguro que no. Tú crees quizá que cualquiera que lea una barbaridad dicha contra ti no se va a dar cuenta de que si su autor recurre a la violencia verbal es porque no tiene argumentos. Yo no dudo tanto de la inteligencia ajena. Si tengo enemigos, sólo pido a la Fortuna que entren en esta página, donde yo pueda saber que existen.
No te gusta albaceteliterario y te vas, pues adiós, León. Gracias por todo y adiós. Como tú dices, para una cerveza, cuando quieras.

   Nombre   León        E-mail    x         Fecha 13-05-2005

Si mi comentario anterior ha sido percibido por tí como deslealtad y como inoportunidad, debe ser atribuido a mi torpeza, porque nada podía estar más lejos de mi ánimo. Más bien lo contrario. 
Lo siento mucho y te ofrezco mis disculpas a tí, a Miguel Angel y a cualquier otro participante que haya podido pensar lo mismo. 
En esas prometidas cervezas charlaremos con más detalle. 
Un abrazo.

   Nombre   Eloy M. Cebrián        E-mail    eloymcebrian@jotmeil.com         Fecha 13-05-2005

Supongo que alguna responsabilidad se me puede atribuir en el origen de este lío. Así pues, aunque mi intención era guardar silencio, he decidido hacer públicas aquí algunas puntualizaciones. No me cabe duda de que Miguel Ángel y Aswad, con su generosidad informativa, harán posible que las leáis. 
El martes por la mañana, en un descanso de mi trabajo, entré en la web de Albaceteliterario para ver qué se cocía. Entonces comprobé que había un nuevo comentario sobre mi novela. Siempre resulta interesante conocer la opinión de los lectores, de primera mano y sin mediatizar. Lo que venía a decir (aunque de una forma un tanto burda) es que en mi novela hay demasiado sexo explícito y no del todo justificado, y que estas escenas de sexo (el autor del comentario decía “mamadas”, pero supongo que se refería al sexo en general) interrumpían el ritmo de la acción. Hasta ahí no tengo nada que objetar. Me parece un comentario perfectamente respetable. De hecho, ya ha sido expresado antes en esta misma página. Incluso me da que pensar, pues tal vez el comentarista tenga razón. Hasta ahí, repito, todo perfecto. 
Naturalmente, como todas las buenas películas de terror, el mensaje incluía un susto inesperado. Una vez expresado su respetable criterio, el amigo Evaristo pasaba a especular sobre el motivo por el que quien esto suscribe empleaba el sexo en su narrativa de un modo tan profuso como poco justificado. Lamento no haber copiado el comentario para poder reproducirlo aquí textualmente, pero en esencia venía a decir lo siguiente: “¿Acaso el autor padece algún tipo de frustración sexual por no haber recibido un numero suficiente de mamamadas en su vida? ¿Querría el autor que se la mamaran más? ¿Tal vez al autor le habría gustado mamársela a Borges?”. El comentario original estaba redactado de un modo más torpe, pero en esencia es lo que acabo de contar (lo siento por el payaso que vende el comentario “censurado” por mí en el foro. Y sí, yo también sé insultar, es fácil). 
Ahora vamos a examinar los antecedentes: 
Desde el origen de Albaceteliterario, en esta web se le ha prestado mucha atención a mi persona y a mi obra. Casi siempre ha sido para dar publicidad a las presentaciones de mis libros o de “El Problema de Yorick”, o bien colgar benévolas y amistosas críticas sobre mis novelas, una ayuda que siempre he reconocido y agradecido. Por desgracia (una vez más la película de terror), la cosa no acaba ahí. Además de lo ya expuesto: 
- En las páginas de Albaceteliterario, sección de opinión, se reprodujo una conversación que mantuve con algunos de mis compañeros de instituto en el Zero. Se trataba, lógicamente, de una conversación privada que un amigo de Miguel Ángel se entretuvo espiando para luego reproducir de forma tergiversada. No contento con la proeza, a continuación se incluían una serie de exabruptos en un tono hostil y beligerante sobre los “acostumbrados”, es decir, los escritores oficiales que consideran el panorama literario de nuestra ciudad su cortijo privado. Creo que la descripción no me cuadra, pero tengo que reconocer que el asunto me fastidió. 
- En las páginas de Albacete literario, más concretamente en el foro, un comunicante no identificado me acusó de haberle plagiado mi última novela a un escritor de Córdoba de quien jamás había oído hablar. Pocas imputaciones más serias que ésta se le pueden hacer a un autor, con el agravante de que se trataba de una infamia, lo que me consta que fue confirmado por el propio autor cordobés en una comunicación privada. 
- Y ahora, las páginas de Albaceteliterario registran el reciente episodio que hoy nos ocupa: otro comunicante, una vez más de forma anónima, hace cábalas sobre mi vida sexual y especula sobre la posibilidad de que yo padezca algún tipo de extraña desviación erótico-literaria con respecto a ese difunto y venerable autor argentino al que siempre he considerado mi maestro, y al que en las páginas de mi novela no hago otra cosa que homenajear de forma humorística. 
En vista de lo expuesto, no parece muy difícil de comprender el hecho de que, en pleno arrebato de cabreo, cogiera el móvil y pusiera a caldo a Miguel Ángel Agilar exigiéndole que retirara el comentario o se atuviera a las consecuencias. “O lo quitas o vamos de abogados”, fueron mis palabras textuales. ¿Resulta fácil de entender o tengo que explicarlo? Por si acaso, vamos allá: 
Mi intimidad no me pertenece solamente a mí. Muchos sabéis que estoy casado. Por lo tanto, los comentarios del ingenioso comunicante Evaristo acerca de mi vida sexual (que en otras circunstancias no me habrían provocado más que una sonrisa de desprecio) conllevan un insulto para mi mujer, que nada tiene que ver en este fregado, y por extensión para mi familia. Además de eso, soy profesor, un trabajo delicado y vulnerable en el que el respeto de nuestros alumnos es un requisito esencial y no siempre fácil de obtener. Por otro lado, tengo alguna actividad pública como autor (poca cosa, alguna charla en institutos, algún club de lectura). Cuando se hace una búsqueda en Google con mi nombre, una de las primeras páginas que aparecen es ésta. ¿Qué concepto obtendría de mí un colega profesor de literatura, un bibliotecario, un gestor cultural, si lo que ve debajo de mi nombre son esos ingeniosos comentarios sobre mis frustradas tendencias de soplapollas? 
Por otro lado, estoy totalmente de acuerdo con algunos de los comunicantes que me preceden en que cualquier autor que salte a la palestra pública ha de tener cintura. Acepto y aceptaré de buen grado cualquier crítica que se le haga a lo que escribo, me guste o no. Sin embargo, espero que estéis de acuerdo en que mi vida sexual no forma parte de mi obra, al menos de mi obra literaria. ¿Qué les parecería a algunos de estos ardientes defensores de la libertad de expresión que alguien manifestara aquí lo siguiente: " El autor X (quien sea, es sólo un ejemplo que se me ocurre) escribe así de mal a causa de sus tendencias homosexuales reprimidas, hasta el punto de que se rumorea que ha redactado la totalidad de su obra con una estilográfica insertada por el ano”? 
Miguel Ángel señala que yo he proferido amenazas contra él. Es cierto. La pena es que haya olvidado señalar que a esas amenazas les siguió un e-mail enviado menos de una hora después de la conversación telefónica, en la que le pedía disculpas por el tono empleado a causa del cabreo. Tanto la conversación como el e-mail fueron comunicaciones privadas que yo habría esperado que se mantuvieran en el ámbito de lo privado. Gran ingenuidad por mi parte. Como es habitual, en la estela de algunos “reporteros” de la especie más amarilla y execrable cuyos nombres todos conocemos, echa mano de lo que sea, repito, de lo que sea, con tal de obtener una notoriedad que ni sus obras ni su trayectoria le han granjeado. 
Pero vamos a las conclusiones, pues me estoy cansando de teclear y vosotros también de leerme. En mi opinión, en mi modestísima opinión, Albaceteliterario ha supuesto una maravillosa oportunidad dilapidada y, desde el comienzo, una fuente constante de decepciones. Lo que iba a ser un punto de encuentro, se ha convertido en una tribuna donde se insulta y se ofende de forma indiscriminada. Donde se iba a hablar de literatura y creación, prosperar el cotilleo más abyecto y marujil, cuando no el insulto sin paliativos. Señalo a Miguel Ángel y Aswad como los responsables de esta degradación, que casi no lo ha sido, pues la web ha registrado estos problemas desde el principio. Creo que esta página ha sido nociva para la cultura y la actividad literaria de nuestra ciudad. Si antes de Albaceteliterario los escritores de nuestra ciudad formaban sectas y cenáculos a menudo hostiles entre sí, ahora esta hostilidad se ha agravado a causa del constante tráfico de inmundicia que aquí se registra. En cuanto a la imagen de la cultura local que esta página da al exterior, sencillamente no quiero ni imaginármela. La perspectiva es demasiado escalofriante. 
Para terminar: el señor Cauqui me acusa de haber recurrido a la amenaza y la extorsión para conseguir mi objetivo, y haber hecho víctima de ira, soberbia y totalitarismo a una persona tan bondadosa, inocente y encantadora como Miguel Ángel Aguilar. Sobre esto tengo que decir un par de cosas. Vuelvo a pedirle disculpas a Miguel Ángel por el tono que empleé (ya le manifesté que, a diferencia de otras personas, yo sí me siento responsable de las repercusiones morales de mis actos); me reafirmó en el contenido de la conversación, que en esencia era el mismo que he manifestado aquí con mucho menos acaloramiento; por último, me reservo, como es lógico, mi derecho de recurrir a los tribunales si las circunstancias y mi abogado así lo aconsejan, un derecho elemental de cualquier ciudadano que nadie debería discutir. En cuanto a la “bonahombría” de Miguel Ángel Aguilar, debemos de tener conceptos muy distintos el señor Cauqui y yo de lo que es una buena persona. Yo pensaba que las buenas personas no permiten que se insulte a sus amigos y a sus familias de forma vil e impune, como hace ese malnacido de Evaristo con sus preocupaciones sobre el sexo oral. Miguel Ángel, aquí te quedas con tus amigos, estos chicos tan estupendos y tan amigos de juzgar la moralidad de las conductas ajenas que te consideran tan buena persona. Mientras tanto, sigue mendigando una firma de algún prestigio, alguien que tenga la mínima vinculación seria con la literatura, para que te redacte una reseña. Y buena suerte. Porque la vas a necesitar. 
Mi respuesta a Evaristo y a todos los que se divierten ofendiéndome y calumniándome es la siguiente: voy a seguir escribiendo, y cada vez mejor, voy a seguir publicando y voy a seguir ganando premios. Voy a consolidar una carrera literaria seria y de prestigio. En cuanto a mi vinculación y mi compromiso con la cultura y la literatura de Albacete, van a seguir siendo absolutos. La experiencia me demuestra que trabajar de forma responsable por la cultura de Albacete pasa por no volver a poner los pies en esta web “literaria”. Si alguien se siente impulsado a contestarme, que se piense dos veces si le merece la pena la molestia, pues no voy a leer sus palabras ni aunque las pinte con spray en los muros del bar “La Confitería”, que por cierto tienen los días contados. Si a pesar de ello siente la imperiosa necesidad de hacerlo, aquí, en este link, le dejo mi respuesta:
http://www.sabuco.com/ingles/eloy/eloy_fan_site.jpg 
Y nada más. Gracias por vuestra atención y perdón por abusar de vuestra paciencia. Me voy siguiendo los pasos de León Molina, un tipo de una pieza que ya me ha mostrado antes con su ejemplo que de algunos antros es preferible ahuecar el ala, y de Luis Martínez-Falero, quién me ha enseñado de qué pasta deben estar hechos los amigos y las buenas personas. 
Saludos,
Eloy M. Cebrián 

   Nombre   Luis E. Cauqui        E-mail    escribanocauqui@hotmail.com         Fecha 13-05-2005

El link que ha dejado Eloy es una foto suya, haciendo el famoso gesto de "que te den por el culo". Lo digo por si alguien es tan ingenuo como yo y se le ocurre visitarlo... Mejor que se lo ahorre. 
Buena parte de la verdad está en la forma, como sabe cualquier escritor. 
Nada más.

   Nombre   Ewina            E-mail    ewina.s@gmail.com         Fecha 14-05-2005

Ya cuando leí "El fotógrafo" sentí esa sensación de la mano de Eloy, pero ha sido ahora cuando he comprendido cómo se sintió el fotógrafo al verse separado de Gladys; su impotencia, su decepción, la derrota por unas circunstancias insuperables en apariencia. Aquí es hacia donde voy: circunstancias aparentemente insuperables. 

Permitidme ir despacio por partes; mi escaso ingenio me obliga a masticar cada palabra. Creo entender los porqués de cada parte y parece obvio encontrar algo de razón en cada argumento. Es claro y manifiesto que una situación como la que ha vivido Eloy despierta todo tipo de ira y produce una ofensa que llega por extensión a familia y seres cercanos, y es comprensible el deseo de no censura en la web. Quizá esto se resolviera con un registro de los usuarios para escribir en el foro y aquí, lo cual no daña el anonimato y previene excesos como este. 
Recalcaré una vez más que ningún tipo de vínculo personal me une a los autores de la web ni a Eloy, del que sólo conozco "El fotógrafo" y la cortesía con que me lo dedicó un día cualquiera en mi librería de guardia. Será tal vez que escribí con ilusión el comentario de arriba, será que siento gratitud hacia esta página porque me muestra caminos... sea como sea, hablaré de sensatez. 
Considero que lo sensato es el término medio, es decir, corregir el error de la escritura impune en el foro (lo que no implica censura ni perjudica el anonimato) y rectificar las expresiones exaltadas (por decirlo con cortesía). Obviando a Evaristo Imbécil Supino, aquí no hay más que un error. Doloroso, con repercusiones, difícil de gestionar... pero un error al fin y al cabo, susceptible de corrección como todos los errores. 
Entiendo las ofensas, dolores y demás de cada uno, pero tengo mi propia opinión en cuanto a una respuesta más hiriente y afilada que la recibida. 
Habláis de amigos de largos años, amigos con proyectos afines si no comunes, habláis de Albacete y su Literatura... y ¿todo se salda de esta manera? Un amigo se hace más grande cuando perdona y comprende el error de su amigo, más aún si es capaz de sobreponerse a su ira o dolor cuando comprende y perdona. 
Y todo, en principio, por un imbécil anónimo y un error desafortunado. 
A Miguel A. y Aswad les deseo la serenidad precisa para encontrar la solución más acertada en esta situación, a Eloy le deseo un venturoso camino junto al fotógrafo (no dejaré que el gesto desagradable de la foto ni las desafortunadas expresiones pesen más que mi ilusión al escribir el comentario del fotógrafo), y a los que os decís amigos de los tres me permito sugeriros, tal vez imprudentemente, que lo demostréis ahora que es valioso y necesario. 
A todos, como siempre, mis más calurosos saludos; hoy sin sonrisa adjunta.

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