Sobre Los Borgia...
(www.larazon.es/noticias/noti_cul4361.htm -
sept/octubre 2006)
Más allá de viajar en volandas en «La
rosa de los vientos» en Onda Cero, Juan Antonio Cebrián (Albacete,
1965) se ha revelado como un autor de notable eco, seguido por los
lectores, y una de las voces más sensatas de lo que se ha dado en
llamar «divulgación histórica». Tras godos, romanos y
conquistadores, ahora publica «Los Borgia» (Temas de Hoy), una
reivindicación «lo más objetiva posible» de la estirpe valenciana
retratada durante siglos como «paradigma de la perversión en aras de
poder y de gloria» y que él califica como «mito indigno». De ahí que
su libro lo describa, y nunca mejor dicho, como un «antídoto ante un
pertinaz envenenamiento histórico».
Es notable su ímpetu por restaurar
la memoria de los Borgia...
Creo que ya había una cierta urgencia
histórica por recuperar la memoria de una familia esencial para
entender el Renacimiento europeo, al que aportó dos papas y un
santo. Había que tener en cuenta su verdadera aportación a la
Historia, y no esa leyenda negra que, durante siglos, se ha vertido
sobre ellos.
Usted desmiente que sean «ese
paradigma de perversión en aras de poder» que nos han legado.
Esta leyenda fue abonada por autores
románticos, como Alejandro Dumas o Victor Hugo, por ejemplo, quien
vilipendió la memoria de Lucrecia Borgia con una comedia bastante
mediocre. Y lo que ocurrió es que los franceses creyeron más a
Victor Hugo que a la historia real. Y eso fue terrible para los
Borgia. Siempre han sufrido esa inclemencia, con historiadores más o
menos interesados. Ahora, ya en el siglo XXI, toca que recuperemos
su dignidad.
-¿No eran entonces tan depravados
ni tan malignos?
Si lo fueron, no fueron distintos a
otras familias italianas de la época: los Colonna, los Sforza, los
Medici, los Orsini. Ocurre que los Borgia, en su calidad de
extranjeros, sufrieron constantes ataques por parte de estas
familias, porque ocupaban los centros de poder que ellos
ambicionaban. Así de simple. Luego, añade, ciertas vendettas,
conjuras, maledicencias... y tenemos el cóctel tan explosivo que
cayó sobre los Borgia
-¿A quien quemó más este cóctel, a
Lucrecia quizá?
Sin duda. Y, de nuevo, hay que
recurrir a Victor Hugo, quien vertió esa urdimbre de negritud sobre
la buena de Lucrecia. Lo único que hay que decir de ella es que fue
una simple herramienta de su familia, utilizada, como tantas mujeres
aristócratas de la época, para tejer alianzas. Fue una mujer
bellísima y que en el tramo final de su vida, a pesar de morir con
39 años, cuando ya estaba instalada con su cuarto esposo en la corte
de Ferrara, se dedicó a crear una corte de esplendor y de mecenazgo.
Pero nada hay de cierto en esa leyenda de incestos con su padre y
sus hermanos, de continuos amantes. Son injurias y calumnias.
César Borgia también recibió lo
suyo, ¿no?
Él fue la figura indiscutible del
clan. Impetuoso, arrogante, de fulgor inusitado, supuestamente
implicado en el asesinato de su hermano Juan y de su cuñado Alfonso
de Aragón, pero también inspiró, junto con Fernando el Católico, a
Maquiavelo para escribir «El Príncipe».
-¿Qué le ha cautivado del Papa
Alejandro VI
Su ambición. Más allá de frivolidades,
la verdadera ambición del Papa Alejandro VI era crear un verdadero
reino independiente fuera de los Estados Vaticanos para que el
linaje de los Borgia perdurase. Al frente de la dinastía quería
colocar a su hijo César Borgia. Y, luego, Alejandro VI soñaba
también con una alianza conVenecia, pensando ya en una futura
unificación de Italia, tres siglos antes que Garibaldi, frente al
poder de Francia en el norte y de España en el sur. Y de eso nadie
parece acordarse.
septiembre 2006 |