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El primer número de Ayvelar
ya presentaba el aspecto que luego sería característico de la
revista: abundancia del negro en la portada y en la contraportada,
fórmula clásica de poema y dibujo en su interior, y pseudónimos
a la hora de firmar los poemas. El primer número presentaba sin
embargo algunos defectos propios de la inexperiencia: DIN A-4 y
grapas en el lateral en vez de DIN A-3 y grapas en el lomo, no se
especifica el precio por ningún sitio (que parece que fue de 100
pesetas -más o menos la mitad de un eurodólar actual-), y la
autoría de cada poema sólo se señala en el índice (la revista
Adentros hizo exactamente lo mismo en su primer número:
colocar los autores sólo en el índice), lo que dificulta la
lectura de las obras. La nómina de autores de este primer número
se mantendría prácticamente invariable en todos los números
posteriores de Ayvelar: Kalenda Maia (Alicia Gómez), Zu-en
(Mónica Gómez), Vedsonia (Julián Cañizares), Eib
Hernán (Francisco Alfaro), Nun (Carlos Corominas, que
es la excepción porque sólo aparecerá en este número), y Lugalbando
(que parece que fue uno de los pseudónimos del escurridizo Vidal
Palazón).
Las ilustraciones son
todas de Vidal Palazón (que será el autor además de todas las
portadas de Ayvelar), excepto la ilustración de la página 8 que
es obra de Mónica Gómez, cuyo peso específico en estos primeros
tiempos era decisivo (suya es la idea del nombre de la cabecera, y
suya es también la cita inicial que abre la andadura de la
publicación). El nombre de la revista, Ayvelar, no es más que
una cita de los famosos versos de Berceo: "Ay, velad
velad".
"La tirada fue
de 30 ejemplares de 44 páginas", según nos cuenta Julián
Cañizares en sus memorias (*Cañizares,
Julián. Travis Memorias. Ediciones Ayvelar)
y "la edición fue un trabajo colectivo, y sólo se vendieron
ejemplares a los conocidos." Resulta curioso pero los
miembros de Ayvelar no vendían su revista si no conocían al
comprador. Esta anécdota serviría para definir muy bien el carácter
endógeno, autosuficiente y excluyente de Ayvelar en sus inicios
que propició que la revista permaneciera prácticamente en la
sombra durante su primer año de vida. El primero que se apercibió
de la existencia de esta publicación fue Miguel Ángel Aguilar,
compañero de instituto de Alicia Gómez, que "descubrió
Ayvelar igual que Cristóbal Colón descubrió América: como algo
enorme, en cierto modo nuevo, que estaba ahí mismo, y que cambiaría
el curso de la historia de las revistas en Albacete" (*de
Arrimateas, El Licenciado José. Lo que sabemos de Ayvelar.
Ediciones Vandelviras). |