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El número 3 de
Ayvelar, de febrero de 1994, es uno de los más interesantes y
marca desde luego un punto de inflexión en la historia de esta
revista, ya que coincide con otro de los grandes acontecimientos
de época: La Coordinadora de Revista Culturales.
El número 3 de Ayvelar,
sin embargo, no presenta excesivas novedades con respecto a los
dos anteriores. Destaca, si acaso, el cambio en la tipografía de
la cabecera, que propició la confusión generalizada por parte
del público, que leyó "g" donde ponía "y",
con lo que durante muchos años, un buen número de lectores se
refería a esta revista como "Agvelar". Por lo
demás, las ilustraciones siguen siendo de Vidal Palazón, que
mantiene el mismo estilo de siempre (aunque ahora los dibujos
quedan todos en la parte de arriba de la página), excepto las de
las páginas 5 y 20 que son obra de Alicia Gómez (más adelante
su protagonismo en el trabajo gráfico de Ayvelar aumentará
sensiblemente y será muy aplaudido por la crítica). Reaparece Eib
Hernán, que a partir de ahora se convertirá en un asiduo, y
repiten todos los del número anterior, con la incorporación de
dos nuevas firmas: Airún (Nuria Alfaro), y Fabián
(que nuevamente parece que era Vidal Palazón, quien por cierto ya
no volverá a publicar prosa ni poesía nunca más). El número
tenía esta vez 38 páginas, y no se sabe la tirada aunque lo más
probable es que volviera a ser de 30 o 40 ejemplares. Como anécdota
decir que en este Ayvelar se incluía el famoso poema del marinero
de Kalenda Maia, y el celebrado "Diez hombres (o una
imagen extraña)" de Vedsonia.
Pero lo más importante
de este número 3 es que fue el número con el que Ayvelar se
presentó en la Coordinadora de Revistas, abandonando así
temporalmente su enigmático retiro. La única reunión a la que
asistió la plantilla de Ayvelar al completo (incluido Vidal Palazón),
con Mónica Gómez a la cabeza, fue todo un acontecimiento en la
rancia atmósfera del Ateneo. El aura de misterio que hasta
entonces había rodeado a los miembros de Ayvelar no disminuyó ni
un ápice a pesar de su presencia física, si nos atenemos a lo
que cuenta sobre esa tarde Rafael Núñez en sus Memorias.
Paco Bonal, patriarca de la Coordinadora, reconoció la valía
de la revista y alabó especialmente y en público los poemas de
Nuria Alfaro (Airún). A pesar de los piropos, el carácter
hipersensible de Ayvelar no soportó una aglomeración tan ruidosa
como la Coordinadora y la revista decidió no incorporarse
a sus filas, aunque a partir de entonces mantendrían, a veces a
su pesar, un contacto cada vez más estrecho con las publicaciones
y los autores que habían conocido en aquellos días.
La Coordinadora de
Revistas supuso un verdadero shock para Ayvelar, que se
encontró de pronto con la existencia de un sinfín de revistas
con pretensiones similares a las suyas, y una multitud de autores
e ilustradores de todo tipo deseosos de publicar sus obras en
cualquier sitio. La actitud de los miembros de Ayvelar ante tal
avalancha de energía fue la de aislarse todavía más, huyendo
deliberadamente de los circuitos sociales, y convirtiendo su
revista en cripta inaccesible a las colaboraciones del exterior.
Esto propició que Ayvelar aumentara así su aura misteriosa y su
fama de revista endógena; dos atributos que a partir de entonces
se convertirían en su tarjeta de presentación. Estas son también
en cierto modo algunas de las razones que explican su prestigio,
basado, según Fernando Barca, "en su afán por mantenerse
lejos de la vida social pero sin llegar a perder el contacto, y en
su recelo a la hora de incorporar a otros autores, fuera de sus
amigos y conocidos".
A pesar de todo, la
influencia de la Coordinadora en Ayvelar fue decisiva si
consideramos la evolución posterior de la revista. A partir de
ahora, aunque en un proceso lento, Ayvelar irá incorporando a
todos los autores destacables del panorama literario albaceteño;
modificará su formato, adoptando primero la grapa en el lomo, más
tarde la imprenta, y por último, incluso, la portada en color y
el suplemento; aumentará espectacularmente su tirada, hasta
llegar a los 300 ejemplares, y su presupuesto pasará a ser uno de
los más elevados, convirtiendo a Ayvelar en la segunda
superproducción más cara, después de Barcarola. El
responsable de esta proceso de apertura al exterior no es otro que
Julián Cañizares, que tomaría el timón a partir del número 4
y llevaría a la revista a su época más gloriosa, inaugurando un
nuevo talante aperturista, pero sin renunciar a la esencia estética
de la publicación original.
Hubo algunos,
especialmente un sector de la derechona de Aventis, que
consideraron esta apertura al exterior de Ayvelar como un gravísimo
error histórico. Para ellos, los mejores números de Ayvelar habían
sido los tres primeros, que representaban a la perfección la
pureza y la valía del proyecto inicial. Todo lo que sucedió
después de la Coordinadora, cuando Julián Cañizares tomó
las riendas de la revista e inició el proceso de reformas, fue
interpretado por la derechona de Aventis como una traición
a la idiosincrasia original de la revista. Pero los que afirmaban
esto no tuvieron en cuenta que si Ayvelar no hubiera abierto sus
puertas a nuevos autores y a nuevas ideas, habría entrado
probablemente en un lento proceso de decadencia, marcado por la
falta de regeneración interior y por el alejamiento progresivo
por parte de la revista de su realidad social (parecido al que
sufrió Barcarola), que habría significado sin duda su
desaparición, o lo que es peor, la habría transformado en un
monstruo de 500 páginas (de colores). |