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Ayvelar
es la cara más oscura del underground. (Nosotros, por no tener,
no tenemos ni palabra para referirnos a la parte de la Creación
que no lleva el sello del Ayuntamiento, e importamos de América,
como es ley). Desde abril del 93 hasta julio del 94, los cuatro
números de esta revista literaria no han pasado por puestos de
venta que no fueran las propias manos de sus autores: Julián
Cañizares y Alicia Gómez en los textos, y el ilustrador Vidal,
son la médula espiritual de Ayvelar (y seguro que se enfadarían
si se hicieran públicos sus pseudónimos). Los expertos ya han
diagnosticado su extinción, un mal que aqueja a los hijos de la
fotocopia. Pero aunque fuera así, la voz de Ayvelar,
una voz definida sobre todo por sus poesías, ha hablado, sin
importar si había oídos escuchando. No se pretendía otra cosa.
Y a pesar de que no lo advirtamos, y citando a Vedsonia, el sol
existe y el universo crece.
Fue en el Ateneo, en invierno de hace
más de un año, antes de que nos echáramos de allí. Ocupando el
sillón central (llamado así no porque estuviera en el centro,
sino porque era el centro),
Francisco Bonal. Todavía es un misterio sin desvelar, y lo
seguirá siendo, qué extraño impulso llevó a Paco Bonal a
concebir la Coordinadora de Revistas de Albacete, y esforzarse en
reunir y adoctrinar a un montón de gente nacida veinte años
después que él. Hay quien dice que Bonal, aun con su aspecto de
patriarca Abraham, tiene más cosas en común con esta gente que
con sus amigos de Alcandora, sumidos en el sueño de los justos
más profundamente de lo que, con seguridad, la conciencia
activista de Bonal pudo resistir. Ahora, y con la Coordinadora
perdida en la absoluta vaguedad del verbo coordinar, aquella
primera reunión parece leyenda, casi de las del 68, cuando había
instituciones para declararse en contra. Y yo estaba allí,
que dirían Gene Hackman o San Juan. |