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Tal vez el éxito logrado
con el número 6 propició la revolución que se produciría en el
7. Lo más probable es que Julián Cañizares, animado por las
buenas críticas, pensara que había llegado el momento de llevar la
reforma hasta sus últimas consecuencias, y que con el número
6 en el altar de todos los críticos, nadie de los sectores más
reaccionarios de su revista se atrevería a poner objecciones.
Este nuevo número de Ayvelar, el séptimo, sale a la luz en marzo
de 1998, y aunque repite el formato grande y también incluye un
cuadernillo (esta vez de Alicia Gómez con su libro Por donde
el barco arriba, cuya actuación en el número anterior fue
especialmente destacada por la crítica), trajo consigo una serie
de cambios profundos en la revista, aunque en esta ocasión no se
obtuvieron los buenos resultados de otros números. Tal vez Julián
Cañizares fue demasiado optimista a la hora de planificar los
nuevos cambios, porque en esta ocasión la rígida estructura de
su revista no supo adaptarse a las novedades con la facilidad con
la que lo había hecho hasta entonces. Del número 7 se editaron
300 ejemplares de 32 páginas, que se vendieron a 250 pesetas cada
uno. Este número no sólo incorporó dos nuevos autores (Alberto
López Aroca -en una apuesta por la variedad- y un misterioso
Juanjo del que se desconoce su apellido) sino que además fue
ilustrado por 6 dibujantes distintos (lo que complicó enormemente
el proceso de edición, aunque por desgracia el resultado final no
llegaría a convencer a nadie): Mónica y Alicia Gómez, que ya
habían debutado como ilustradoras de Ayvelar, Miguel Ángel
Aguilar, Vidal Palazón, Foro (del que también se desconoce su
apellido) y Pedro Tornero, el famoso ilustrador de la revista
Aventis. Ayvelar, que hasta ahora había sido ilustrada prácticamente
en su totalidad por Vidal Palazón, se convierte ahora en la obra
conjunta de 6 dibujantes de estilos bien diferenciados. Aunque hay
que decir en su defensa que la revista supo encajar bastante bien
los distintos estilos sin perder su cohesión, lo cierto es que
las críticas no se hicieron esperar..., y de la pluma del propio
Irvin, que en esta ocasión arremete contra el número 7 de
Ayvelar, que en sus propias palabras "ha llegado demasiado
lejos" y parece "un circo".
Los sectores más
conservadores de la junta directiva de la revista vieron aquí la
ocasión propicia para destronar a Julián Cañizares de su
secretaría general, pero el prestigio y la proyección exterior
del carismático y visionario director de Ayvelar, le hicieron
intocable a pesar de los problemas. Por lo menos por esta vez...
A la hora de planificar
el contenido de cada número, Ayvelar siempre mantuvo una filosofía
clara en la forma de relacionarse con los autores. En primer
lugar, aquel que había salido una vez en la revista, tenía
siempre carta blanca para aparecer en todos los números
posteriores. Es por eso por lo que normalmente había pocas
ausencias en cada nuevo número de Ayvelar y si las había, solían
estar provocadas por la falta de interés del escritor a la hora
de ofrecer material. Pero el desastre del número 7, provocaría
una serie de misteriosos ajustes, ajustes que aunque Julián Cañizares
llevó con su discrección característica, fueron motivo de
comentarios y angustias entre los escritores y dibujantes de
Albacete. Era habitual que Ayvelar lanzara globos sonda en forma
de rumor sobre sus intenciones para ver la reacción de la opinión
pública y no comprometer así su prestigio. En aquellos momentos
el rumor más extendido decía que la época de las vacas
gordas en Ayvelar se había terminado y que habría cambios:
algunos autores no recibirían la llamada para el número
8. |