"La revista Ayvelar" de El Licenciado Juan Luis del Hoyo, Duque de Móstoles, prólogo del número 13 de aventis

 

PRÓLOGO

 

La revista Ayvelar

La historia de la revista Ayvelar, de la que Julián Cañizares fue director en sus años dorados, es un modelo perfecto para explicar muchas de las constantes de las pequeñas publicaciones no-profesionales de la época: su evolución, sus pretensiones, su estética... Pero la historia de Ayvelar también es un curioso ejemplo de cómo una publicación que se había mantenido siempre al margen, se convirtió por méritos propios en el centro de la vida cultural underground de Albacete y en el árbitro de las nuevas tendencias. Es evidente que "la grandeza de Ayvelar sólo fue posible en la medida en que coincidió con una generación de autores irrepetible en la historia de Albacete" (*Barca, Fernando. El precio justo de Ayvelar), pero también está claro que el buen hacer de la revista fue determinante a la hora de considerarla como una de las más importantes de todas cuantas se editaban en esta ciudad en la última década del siglo XX.

Es fundamental considerar algunas circunstancias de sus inicios que contribuyeron a construir la revista sólida, impenetrable y autosuficiente que fue esta publicación en sus primeros números. Ayvelar, al contrario que Adentros (por poner el ejemplo de una revista muy diferente pero también prestigiosa), contaba desde sus inicios con un grupo de escritores de calidad, con una obra lo suficientemente extensa como para llenar las paginas de una revista. Por si esto fuera poco, Vidal Palazón completaba la nómina de autores aportando, no sólo sus dibujos, sino toda una estética, una forma de hacer las cosas, que crearía escuela. Todo esto significaba para una revista de la época seguridad a la hora de superar los pequeños problemas prácticos y las dudas en la edición. En ese sentido Ayvelar siempre tuvo una idea muy clara de lo que era y de cómo tenía que hacer las cosas.

La revista Ayvelar nace en abril de 1993 (fecha de la aparición de su primer número -*sobre la forma de fechar el nacimiento de una revista no hay un método claro. Algunos autores, como Barca, sitúan los inicios de una publicación desde el momento en que se empieza a trabajar en su primer número. Asckenazy considera este método demasiado inexacto y subjetivo y prefiere usar la fecha del primer número como referencia del nacimiento de una revista. En este sentido hay escándalos sonados, como el del centenario de AVENTIS. Esta revista siempre fechaba su origen en 1993, pero Barca descubrió recientemente, indagando en los libros de cuentas de algunas papelerías de la época, que su número 1 salió a la luz en realidad en enero de 1994, lo que obligó a la Comisión Superior de Cultura y Espectáculos a retrasar un año todos los actos multimediáticos del centenario de AVENTIS que se habían anunciado para el 2093-), por lo tanto es anterior al boom de 1994, y durante los años posteriores, fue, junto al Pandemónium (nacido en 1987) una de las revistas más antiguas de Albacete. La génesis de Ayvelar es la misma que la de cualquier revista de la época: un grupo de autores jóvenes que decide sacar a la luz sus obras en forma de revista. En este sentido, Ayvelar se encuadra en sus inicios dentro de la tradición española de revistas literarias más rancia y extendida. Desde los años veinte, todas las publicaciones de este tipo en España se habían dedicado a imitar la fórmula de Litoral o de El Gallo sin grandes variaciones, es decir: revista antológica de varios autores contemporáneos que exponen algunas de sus obras en una edición cuidada y lujosa. El número de revistas literarias que en los años noventa imitaban con mayor o menor éxito esta fórmula era impresionante. Algunos autores de la época criticaron con saña este tipo de revistas que sólo en Albacete, en 1998, se ofrecía en 4 cabeceras distintas: Isla Desnuda, Barcarola, Carpe Diem y Ayvelar (más del 20 por ciento de todas las publicaciones de la ciudad, si descontamos las estrictamente informativas, ya en decadencia en la época). El nacimiento de Ayvelar se encuadra pues dentro de una escuela muy tradicional a la hora de concebir revistas y muy extendida en la España de aquellos años.

El primer número de Ayvelar ya presentaba el aspecto que luego sería característico de la revista: abundancia del negro en la portada y en la contraportada, fórmula clásica de poema y dibujo en su interior, y pseudónimos a la hora de firmar los poemas. El primer número presentaba sin embargo algunos defectos propios de la inexperiencia: DIN A-4 y grapas en el lateral en vez de DIN A-3 y grapas en el lomo, no se especifica el precio por ningún sitio (que parece que fue de 100 pesetas -más o menos la mitad de un eurodólar actual-), y la autoría de cada poema sólo se señala en el índice (la revista Adentros hizo exactamente lo mismo en su primer número: colocar los autores sólo en el índice), lo que dificulta la lectura de las obras. La nómina de autores de este primer número se mantendría prácticamente invariable en todos los números posteriores de Ayvelar: Kalenda Maia (Alicia Gómez), Zu-en (Mónica Gómez), Vedsonia (Julián Cañizares), Eib Hernán (Francisco Alfaro), Nun (Carlos Corominas, que es la excepción porque sólo aparecerá en este número), y Lugalbando (que parece que fue uno de los pseudónimos del escurridizo Vidal Palazón).

Las ilustraciones son todas de Vidal Palazón (que será el autor además de todas las portadas de Ayvelar), excepto la ilustración de la página 8 que es obra de Mónica Gómez, cuyo peso específico en estos primeros tiempos era decisivo (suya es la idea del nombre de la cabecera, y suya es también la cita inicial que abre la andadura de la publicación). El nombre de la revista, Ayvelar, no es más que una cita de los famosos versos de Berceo: "Ay, velad velad".

"La tirada fue de 30 ejemplares de 44 páginas", según nos cuenta Julián Cañizares en sus memorias (*Cañizares, Julián. Travis Memorias. Ediciones Ayvelar) y "la edición fue un trabajo colectivo, y sólo se vendieron ejemplares a los conocidos." Resulta curioso pero los miembros de Ayvelar no vendían su revista si no conocían al comprador. Esta anécdota serviría para definir muy bien el carácter endógeno, autosuficiente y excluyente de Ayvelar en sus inicios que propició que la revista permaneciera prácticamente en la sombra durante su primer año de vida. El primero que se apercibió de la existencia de esta publicación fue Miguel Ángel Aguilar, compañero de instituto de Alicia Gómez, que "descubrió Ayvelar igual que Cristóbal Colón descubrió América: como algo enorme, en cierto modo nuevo, que estaba ahí mismo, y que cambiaría el curso de la historia de las revistas en Albacete" (*de Arrimateas, El Licenciado José. Lo que sabemos de Ayvelar. Ediciones Vandelviras).

El número 2 salió cuatro meses después, en agosto de 1993, y repetía la fórmula exactamente igual que en el número 1, aunque ahora con 32 páginas en vez de 44. Se mantienen las grapas rudimentarias en el lateral, y desaparece definitivamente Nun (Carlos Corominas) y momentáneamente Eib Hernán (Francisco Alfaro). Un tal Barbola sustituye a Lugalbando, aunque se cree que el hombre seguía siendo el mismo (Vidal Palazón); y Mónica Gómez cambia su pseudónimo, Zu-en, por el de Carrira, que mantendrá a partir de ahora en todos los números. Por primera vez se especifica la autoría al final de cada texto, y la mayoría de las ilustraciones siguen siendo obra de Vidal Palazón (en estos primeros números casi todas las ilustraciones eran versiones más o menos libres de cuadros famosos) excepto la de la página 4 que es obra de José Antonio Cañizares (hermano de Julián Cañizares), otro colaborador espontáneo que no volverá nunca más a las páginas de la revista. Destaca la incorporación de El Indio, pseudónimo tras el cual se oculta una escritora de la que sólo se sabe su nombre de pila. En cualquier caso, todos los autores que aparecen en Ayvelar pertenecían al círculo de amistades de los miembros fundadores y la revista hasta ahora nunca se había planteado la incorporación de nombres ajenos al grupo. Otra de las curiosidades de este número 2 es su contraportada, ("Ayvelar engendra calor y combate tos, reumatismos, etc.") que llama la atención por su inconfundible estilo pandemoniesco. Poco se sabe sobre la influencia de Pandemónium en Ayvelar, aunque no es descabellado afirmar que los ayvelares conocieran esta revista ya que Alicia Gómez cursó su bachillerato en el IBM 5 de Albacete, sede, como todo el mundo sabe, del Pandemónium. Además, Diego DeVázquez sostiene que Alicia Gómez publicó algunos poemas en un Pandemónium aparecido en 1993. En cualquier caso, la ortodoxia de Ayvelar está muy lejos del desenfado y la picardía del Pandemónium, y el detalle de la contraportada es un punto de conexión aislado y excepcional que no volverá a repetirse en ninguna de las entregas posteriores de Ayvelar y que no permite hablar de una influencia directa del Pandemónium. Este número 2 volvió a tirar 30 ejemplares, aunque ahora su precio es de 200 pesetas (1 eurodólar), algo caro para la época. Por primera vez se distribuyó la revista en la famosa librería La Popular, que fue sede y santuario de todo el movimiento editorial underground de Albacete en estos años. (*En los antiguos almacenes subterráneos de la librería La Popular se ha encontrado hace poco, y debido a unas obras de instalación de cables de fibra tríptica, un sinfín de ejemplares de revistas de esta época. Aunque en la actualidad, las excavaciones están controladas por La Escuela de Samotracia y muy especialmente por su Prelado Mayor, El Licenciado Juan Gaspar de Villegas Aroca -que se personó enseguida con la policía y acordonó la zona-, se sospecha que podrían haberse hallado ejemplares del número 1 de Pandemónium).

En el ínterin de tiempo que transcurre desde el número 2 de agosto de 1993 hasta el número 3 de febrero de 1994, aparece la revista Aventis con su número 1 (ahora sabemos que de enero de 1994). La influencia que Ayvelar ejerció sobre Aventis es un asunto que no ofrece ningún tipo de duda. Es evidente que, gracias a Miguel Ángel Aguilar, los miembros de una y otra revista habían mantenido cierto contacto (como lo demuestra el hecho de que Julián Cañizares y Alicia Gómez aparecieran en el número 1 de Aventis). La estética del número 1 de Aventis, aunque más ligera y minimal, recordaba en cierto modo a la de Ayvelar, igual que su carácter antológico, su edición rústica con las grapas en un lateral, e incluso el nombre de su cabecera. Aunque luego Aventis tomaría otro rumbo en su evolución histórica, está clara la influencia que sobre esta revista ejerció Ayvelar (seguramente a partes iguales con el Pandemónium) en sus primeros pasos.

El número 3 de Ayvelar, de febrero de 1994, es uno de los más interesantes y marca desde luego un punto de inflexión en la historia de esta revista, ya que coincide con otro de los grandes acontecimientos de época: La Coordinadora de Revista Culturales.

El número 3 de Ayvelar, sin embargo, no presenta excesivas novedades con respecto a los dos anteriores. Destaca, si acaso, el cambio en la tipografía de la cabecera, que propició la confusión generalizada por parte del público, que leyó "g" donde ponía "y", con lo que durante muchos años, un buen número de lectores se refería a esta revista como "Agvelar". Por lo demás, las ilustraciones siguen siendo de Vidal Palazón, que mantiene el mismo estilo de siempre (aunque ahora los dibujos quedan todos en la parte de arriba de la página), excepto las de las páginas 5 y 20 que son obra de Alicia Gómez (más adelante su protagonismo en el trabajo gráfico de Ayvelar aumentará sensiblemente y será muy aplaudido por la crítica). Reaparece Eib Hernán, que a partir de ahora se convertirá en un asiduo, y repiten todos los del número anterior, con la incorporación de dos nuevas firmas: Airún (Nuria Alfaro), y Fabián (que nuevamente parece que era Vidal Palazón, quien por cierto ya no volverá a publicar prosa ni poesía nunca más). El número tenía esta vez 38 páginas, y no se sabe la tirada aunque lo más probable es que volviera a ser de 30 o 40 ejemplares. Como anécdota decir que en este Ayvelar se incluía el famoso poema del marinero de Kalenda Maia, y el celebrado "Diez hombres (o una imagen extraña)" de Vedsonia.

Pero lo más importante de este número 3 es que fue el número con el que Ayvelar se presentó en la Coordinadora de Revistas, abandonando así temporalmente su enigmático retiro. La única reunión a la que asistió la plantilla de Ayvelar al completo (incluido Vidal Palazón), con Mónica Gómez a la cabeza, fue todo un acontecimiento en la rancia atmósfera del Ateneo. El aura de misterio que hasta entonces había rodeado a los miembros de Ayvelar no disminuyó ni un ápice a pesar de su presencia física, si nos atenemos a lo que cuenta sobre esa tarde Rafael Núñez en sus Memorias. Paco Bonal, patriarca de la Coordinadora, reconoció la valía de la revista y alabó especialmente y en público los poemas de Nuria Alfaro (Airún). A pesar de los piropos, el carácter hipersensible de Ayvelar no soportó una aglomeración tan ruidosa como la Coordinadora y la revista decidió no incorporarse a sus filas, aunque a partir de entonces mantendrían, a veces a su pesar, un contacto cada vez más estrecho con las publicaciones y los autores que habían conocido en aquellos días.

La Coordinadora de Revistas supuso un verdadero shock para Ayvelar, que se encontró de pronto con la existencia de un sinfín de revistas con pretensiones similares a las suyas, y una multitud de autores e ilustradores de todo tipo deseosos de publicar sus obras en cualquier sitio. La actitud de los miembros de Ayvelar ante tal avalancha de energía fue la de aislarse todavía más, huyendo deliberadamente de los circuitos sociales, y convirtiendo su revista en cripta inaccesible a las colaboraciones del exterior. Esto propició que Ayvelar aumentara así su aura misteriosa y su fama de revista endógena; dos atributos que a partir de entonces se convertirían en su tarjeta de presentación. Estas son también en cierto modo algunas de las razones que explican su prestigio, basado, según Fernando Barca, "en su afán por mantenerse lejos de la vida social pero sin llegar a perder el contacto, y en su recelo a la hora de incorporar a otros autores, fuera de sus amigos y conocidos".

A pesar de todo, la influencia de la Coordinadora en Ayvelar fue decisiva si consideramos la evolución posterior de la revista. A partir de ahora, aunque en un proceso lento, Ayvelar irá incorporando a todos los autores destacables del panorama literario albaceteño; modificará su formato, adoptando primero la grapa en el lomo, más tarde la imprenta, y por último, incluso, la portada en color y el suplemento; aumentará espectacularmente su tirada, hasta llegar a los 300 ejemplares, y su presupuesto pasará a ser uno de los más elevados, convirtiendo a Ayvelar en la segunda superproducción más cara, después de Barcarola. El responsable de esta proceso de apertura al exterior no es otro que Julián Cañizares, que tomaría el timón a partir del número 4 y llevaría a la revista a su época más gloriosa, inaugurando un nuevo talante aperturista, pero sin renunciar a la esencia estética de la publicación original.

Hubo algunos, especialmente un sector de la derechona de Aventis, que consideraron esta apertura al exterior de Ayvelar como un gravísimo error histórico. Para ellos, los mejores números de Ayvelar habían sido los tres primeros, que representaban a la perfección la pureza y la valía del proyecto inicial. Todo lo que sucedió después de la Coordinadora, cuando Julián Cañizares tomó las riendas de la revista e inició el proceso de reformas, fue interpretado por la derechona de Aventis como una traición a la idiosincrasia original de la revista. Pero los que afirmaban esto no tuvieron en cuenta que si Ayvelar no hubiera abierto sus puertas a nuevos autores y a nuevas ideas, habría entrado probablemente en un lento proceso de decadencia, marcado por la falta de regeneración interior y por el alejamiento progresivo por parte de la revista de su realidad social (parecido al que sufrió Barcarola), que habría significado sin duda su desaparición, o lo que es peor, la habría transformado en un monstruo de 500 páginas (de colores).

El número 4 de Ayvelar, de julio de 1994, supuso el primer paso de este proceso de reajuste. Aquí se aprecia ya el empeño por editar una revista más dinámica y moderna, con el formato profesional de las grapas al lomo. En este número se aumenta la tirada a 50 ejemplares que salen a la venta con un precio de 200 pesetas. Repiten todos los del número anterior (Carrira, Kalenda Maia, Vedsonia, Eib Hernán, Airún, El Indio y Vidal Palazón, autor de todas las ilustraciones), aunque se cae de la lista el misterioso Fabián y se incorpora Luis Escribano Cauqui. El fichaje de Escribano Cauqui, significó una nueva señal de que las cosas estaban cambiando. Es el primer autor famoso del entorno underground que publica en la revista Ayvelar, que hasta entonces había desconfiado enormemente de sus colegas escritores y editores. Además, Luis Escribano firma con su nombre, rompiendo así, también por primera vez, la rancia tradición de los pseudónimos en Ayvelar. Este número se abre además con una cita de Rimbaud, otro detalle en el que se aprecia la mano de Julián Cañizares (Rimbaud y el Lorca de Poeta en Nueva York son probablemente los padres espirituales de Ayvelar). A partir de ahora, la revista irá incorporando poco a poco a casi todas las grandes estrellas literarias de la época: Miguel Ángel Aguilar (en el número 5), José Alfonso Tornero (en el 6), e incluso, para sorpresa de todos, Alberto López Aroca (en el número 7).

Pero el proceso de regeneración de Ayvelar no fue un camino de rosas y la revista a punto estuvo de desaparecer debido a las dudas y problemas que causaron las nuevas incorporaciones y los nuevos proyectos. Pero por fin, después de casi dos años de silencio, en octubre de 1996 y con Julián Cañizares convertido ya en un director seguro de sí mismo y de las posibilidades de su proyecto, aparece el número 5 de Ayvelar, por primera vez a imprenta, con una tirada de 200 ejemplares al precio de 200 pesetas. Este Ayvelar ya presenta una de las clásicas introducciones, sello personal de Cañizares, aunque en este caso es obra de Eib Hernán, y una cita de F.G. Lorca. En este número desaparece definitivamente El Indio (un colaborador muy cuestionado por la crítica) y permanecen los de siempre (nuevamente todas las ilustraciones son de Vidal Palazón), con la incorporación ya reseñada de Miguel Ángel Aguilar. Este Ayvelar también presenta una mancheta final (nuevamente la mano de Julián Cañizares) con la dirección de la revista, todo un símbolo de su nuevo carácter abierto y social. Además y para disgusto de los más puristas, se abandona la vieja tipografía clásica de Ayvelar (que no era otra que la de la máquina de escribir de Julián Cañizares) y se empieza a emplear el ordenador para la edición y maquetación de los textos. Este número de Ayvelar, sin embargo, supuso un fracaso económico que a punto estuvo de provocar la quiebra de la revista y que hubo de solventarse con la aportación de dinero, a fondo perdido, por parte de los miembros fundadores.

Un año tuvo que pasar para que apareciera el número 6 (el proceso de producción de Ayvelar se había complicado mucho), que salió a la luz en octubre de 1997, con un cambio de formato (la revista es ahora más grande) y una portada doble espectacular.

Este Ayvelar sorprendió a propios y extraños, tanto por la calidad de sus textos como por lo cuidado de su edición. Es, sin duda, como afirma un Irvin entusiasmado desde su columna en el Cyborgio "el mejor número de Ayvelar hasta la fecha, y la mejor revista de Albacete". La tirada aumenta de nuevo (300 ejemplares) así como el precio (250 pesetas). Otra vez aparece una introducción, que ahora es obra del propio Julián Cañizares, y una mancheta con la nómina de autores y la dirección de la sede de la revista. Además del espectacular cambio de formato, este número presenta dos innovaciones: la incorporación del poeta José Alfonso Tornero, y la inclusión de un suplemento. El suplemento de la revista era un diminuto cuadernillo (también editado a imprenta) que contenía el libro Vavilonia de Julián Cañizares y que era totalmente gratuito. En este momento se había puesto de moda entre las revistas de Albacete ofrecer un suplemento gratuito con cada número (Fábulas Extrañas llegó a tener hasta 3 suplementos al mismo tiempo). Por otro lado, el fichaje de José Alfonso Tornero demostró que Ayvelar estaba muy pendiente de la vida cultural de Albacete, ya que Tornero acababa de sorprender a propios y extraños con su libro Política, que supuso la resurrección de este autor, cuyos poemas habían sido siempre muy maltratados por la crítica.

A partir de este momento, Ayvelar se convertirá en la revista más prestigiosa de su tiempo, convirtiéndose en el objeto de deseo de todas las jóvenes promesas de la literatura en la moderna Albacete. El sueño de cualquier escritor novel del momento era recibir la llamada telefónica de Julián Cañizares, y la pesadilla de todos los consagrados era precisamente que Julián Cañizares no contara con ellos para cada nuevo Ayvelar. En este número 6 repiten todos los del número anterior, la ilustraciones son nuevamente de Vidal Palazón (que está aquí en estado de gracia), y se incorpora, como ya hemos señalado, José Alfonso Tornero.

Tal vez el éxito logrado con el número 6 propició la revolución que se produciría en el 7. Lo más probable es que Julián Cañizares, animado por las buenas críticas, pensara que había llegado el momento de llevar la reforma hasta sus últimas consecuencias, y que con el número 6 en el altar de todos los críticos, nadie de los sectores más reaccionarios de su revista se atrevería a poner objecciones. Este nuevo número de Ayvelar, el séptimo, sale a la luz en marzo de 1998, y aunque repite el formato grande y también incluye un cuadernillo (esta vez de Alicia Gómez con su libro Por donde el barco arriba, cuya actuación en el número anterior fue especialmente destacada por la crítica), trajo consigo una serie de cambios profundos en la revista, aunque en esta ocasión no se obtuvieron los buenos resultados de otros números. Tal vez Julián Cañizares fue demasiado optimista a la hora de planificar los nuevos cambios, porque en esta ocasión la rígida estructura de su revista no supo adaptarse a las novedades con la facilidad con la que lo había hecho hasta entonces. Del número 7 se editaron 300 ejemplares de 32 páginas, que se vendieron a 250 pesetas cada uno. Este número no sólo incorporó dos nuevos autores (Alberto López Aroca -en una apuesta por la variedad- y un misterioso Juanjo del que se desconoce su apellido) sino que además fue ilustrado por 6 dibujantes distintos (lo que complicó enormemente el proceso de edición, aunque por desgracia el resultado final no llegaría a convencer a nadie): Mónica y Alicia Gómez, que ya habían debutado como ilustradoras de Ayvelar, Miguel Ángel Aguilar, Vidal Palazón, Foro (del que también se desconoce su apellido) y Pedro Tornero, el famoso ilustrador de la revista Aventis. Ayvelar, que hasta ahora había sido ilustrada prácticamente en su totalidad por Vidal Palazón, se convierte ahora en la obra conjunta de 6 dibujantes de estilos bien diferenciados. Aunque hay que decir en su defensa que la revista supo encajar bastante bien los distintos estilos sin perder su cohesión, lo cierto es que las críticas no se hicieron esperar..., y de la pluma del propio Irvin, que en esta ocasión arremete contra el número 7 de Ayvelar, que en sus propias palabras "ha llegado demasiado lejos" y parece "un circo".

Los sectores más conservadores de la junta directiva de la revista vieron aquí la ocasión propicia para destronar a Julián Cañizares de su secretaría general, pero el prestigio y la proyección exterior del carismático y visionario director de Ayvelar, le hicieron intocable a pesar de los problemas. Por lo menos por esta vez...

A la hora de planificar el contenido de cada número, Ayvelar siempre mantuvo una filosofía clara en la forma de relacionarse con los autores. En primer lugar, aquel que había salido una vez en la revista, tenía siempre carta blanca para aparecer en todos los números posteriores. Es por eso por lo que normalmente había pocas ausencias en cada nuevo número de Ayvelar y si las había, solían estar provocadas por la falta de interés del escritor a la hora de ofrecer material. Pero el desastre del número 7, provocaría una serie de misteriosos ajustes, ajustes que aunque Julián Cañizares llevó con su discrección característica, fueron motivo de comentarios y angustias entre los escritores y dibujantes de Albacete. Era habitual que Ayvelar lanzara globos sonda en forma de rumor sobre sus intenciones para ver la reacción de la opinión pública y no comprometer así su prestigio. En aquellos momentos el rumor más extendido decía que la época de las vacas gordas en Ayvelar se había terminado y que habría cambios: algunos autores no recibirían la llamada para el número 8.

Finalmente no hubo nada oficial, pero lo cierto es que Julián Cañizares depuró la parte gráfica sin hacer mucho ruido y redujo la plantilla a sólo tres ilustradores de prestigio: Vidal Palazón, Alicia Gómez y Pedro J. Tornero. Miguel Ángel Aguilar para su desgracia fue excluido de Ayvelar (ya había sido vetado por Rafael Núñez en Fábulas Extrañas). Juanjo y Airún (Nuria Alfaro) también se cayeron de la lista de escritores, aunque lo más probable es que esto fuera culpa de los propios autores que probablemente andarían justos de material.

Otro asunto polémico y del que apenas se sabe nada es el caso Aswad. Cuando Ayvelar en plena Perestroika empezó a incorporar a los viejos pesos pesados de la Coordinadora (Luis Escribano Cauqui, Miguel Ángel Aguilar, José Alfonso Tornero, e incluso Alberto López Aroca), todo el mundo pensaba que Aswad se estrenaría en la revista de un momento a otro. Pero misteriosamente, Ayvelar nunca descolgó el teléfono para ponerse en contacto con la que había sido la escritora más famosa de Albacete. Parece ser que la revista temía el carácter polémico de Aswad, y muy especialmente después del escándalo de Walter Asckenazy y de la editorial The Complete, que a punto estuvo de provocar un conflicto internacional cuando el inglés, después de ser juzgado por un tribunal que valoraría más la popularidad de la escritora que la verdad de los hechos, dio con sus huesos en la cárcel de La Torrecica.

El número 8 de Ayvelar, que salió en enero de 1999, sirvió para consagrar definitivamente a esta revista como una de las más importantes y decisivas de toda la historia de Albacete. Nuevamente se cambia el formato (ahora más pequeño que el A-4, con la forma de un cuadrado), y por primera vez se editará con una portada doble en color (por supuesto de Vidal Palazón). Como ya se ha señalado antes, este número sólo fue ilustrado por tres autores: Vidal Palazón, Alicia Gómez y Pedro Jesús Tornero (cada uno un tercio de la revista). Incluía un nuevo suplemento de Francisco Alfaro (Eib Hernán), y se caen de la lista de escritores los ya mencionados: Juanjo y Nuria Alfaro. Todos los demás repiten.

Además tenemos dos nuevas y significativas incorporaciones: Juan García Rodenas y Miguel Úbeda.

El primero coronaba así su carrera meteórica y se consagraba como uno de los jóvenes valores con mayor proyección.

El segundo había encandilado a Julián Cañizares con su minilibro El último día de Mathew Pérez Yünior publicado en el Bardo Raro. Ayvelar demostraba así que su vocación era la de reunir la mejor literatura que se estaba publicando en aquellos momentos en Albacete.

La incorporación de estos dos autores de segunda generación, que no habían pertenecido a la Coordinadora, y a los que los miembros de Ayvelar ni siquiera conocían personalmente, supone la culminación del proceso aperturista de Ayvelar. Y supone además la apuesta definitiva de Julián Cañizares por la nueva escuela emergente, denominada La Invasión desde Marte (a la que pertenecían, entre otros, Miguel Úbeda y Juan García), ya que a partir de este momento prácticamente todos sus autores publicarán sus obras en esta revista.

A partir de ahora, Ayvelar se convertirá en una publicación preocupada por la promoción de los nuevos talentos (con el imperativo de incorporar, al menos, a un autor nuevo en cada número) pero que no se olvidará de los autores ya consagrados.

Este nuevo número de Ayvelar despertó el entusiasmo del público y de la crítica y enseguida se perfiló como uno de los más firmes candidatos, junto al Adentros número 4, para arrasar en los Premios AVENTIS de 1999. Precisamente Adentros, una revista cuya estética estaba muy lejos de la ortodoxia de Ayvelar, era una publicación muy admirada por Julián Cañizares que acabaría incorporando a Luis Alfaro (codirector de Adentros) a su revista en el número 9 de Ayvelar. Luis Alfaro, por su parte, también se confesó más de una vez como un devoto admirador de este número 8 de Ayvelar, que aunque tenía errores de bulto (como el cuento final en letra 9 de un tal more melon, que era en realidad Julián Cañizares), supuso uno de los momentos estelares en la historia de los fanzines albaceteños y el principio, en cierto modo, de una nueva era para todas las revistas que habían protagonizado el boom de 1994.

El Licenciado Juan Luis del Hoyo

 

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